Análisis

Análisis (54)

Pese a mejores deseos, resulta particularmente difícil dotar de esperanza al 2024. Las inercias de inestabilidad y de proliferación de una multiplicidad de crisis son mayores que los indicios de prosperidad y de una sana y justa convivencia entre las naciones del orbe. Es indudable que 2024 se caracterizará por ser un año de inflexiones ante esta noción de “poli-crisis”. Ya lo está siendo y lo seguirá lleno de desafíos debido a transformaciones tanto institucionales y normativas cuanto en la práctica de lo cotidiano. Las evoluciones e involuciones, según sea el caso, se patentizarán en ámbitos como la inteligencia artificial, la preservación y cuidado del medio ambiente, la transición energética, la carrera armamentista, el comercio regional e intrarregional, la competencia económica y los incentivos para los desarrollos tecnológicos. El escenario internacional en el que dichas transformaciones tendrán lugar se caracteriza por su excesiva crispación y marcada polarización.

Las tensiones geopolíticas, los conflictos bélicos y los diferendos entre los países se han intensificado lejos de disiparse. Sin temor a equivocarnos, los focos rojos en materia de seguridad y militarismo se han multiplicado en todo el mundo, vivimos en el arreglo geopolítico más tenso y delicado desde la SGM. El mundo atestigua un traspaso paulatino de la hegemonía unipolar estadunidense hacia un régimen global multipolar con diversos matices. La transferencia involuntaria del poder hegemónico, por supuesto, no estará exento de incertidumbre, turbulencias y tiranteces. El 2024 parece inaugurar la fase final de una transición hacia un mundo multipolar, lo que no solamente se basa en el hecho de reconocer la creciente rivalidad sinoestadounidense, cada vez más patente, sino que se nutre también de una distribución y/o dispersión, a escala global, de capacidades nacionales, ya sean estas económicas, comerciales, financieras, tecnológicas, culturales o demográficas. Para ejemplificarlo, basta traer a colación a la expansión encabezada por Beijing de los BRICS y al fortalecimiento de los vínculos – no solamente económico y financieros- entre sus países miembros.

No es osado pronosticar, por tanto, que esta tendencia hacia la multipolaridad pueda intensificarse y profundizarse durante 2024 con repercusiones en varias latitudes. Empero, ello no se explica por factores exclusivamente estatales. El escenario es por demás complejo. Es decir, las empresas multinacionales, particularmente las de tipo tecnológico-informático, aumentarán su capacidad de influencia en la configuración de la multipolaridad internacional. Al poseer el activo del “Big Data” y los datos de los millones de usuarios, adicional a la capacidad financiera para viabilizar su accionar, estas empresas estarán habilitadas para ocupar con relativa facilidad los vacíos de poder que se generen por las contradicciones y desafíos congénitos a una fase final de transición global. Dicho de otra forma, si acaso tuviesen el afán de debilitar a los gobiernos nacionales por así convenir a sus intereses privados, podrán ser beneficiarios o, en el peor de los casos, “facilitadores” de estas tensiones. Es decir, provocarían o no impedirían las disrupciones económicas, la desestabilización política, el debilitamiento de la democracia, la desinformación, el regreso al proteccionismo, la multiplicación de guerras comerciales, e incluso la aceptación de prolongar y “normalizar” el conflicto.

Mientras varios factores apuntan a que la dinámica mundial en 2024 será más caótica, más riesgosa y menos predecible o estable, el andamiaje institucional de la ONU permanece rehén de sí mismo, corolario de una división de poderes caduca en el escenario internacional. Una reforma adecuada que actualice sus formas de trabajo, procesos de deliberación, su esencia y “espíritu” es necesaria con urgencia. Actualizar a la ONU es imperativo a fin de que la esperanza del futuro de la humanidad descanse en un organismo fiel a la realidad internacional actual con provisión de bienes públicos internacionales y soluciones duraderas. Resulta poco esperanzador que independientemente del desarrollo y perfeccionamiento que ha tenido el marco jurídico internacional, varios de los líderes mundiales más protagónicos parezcan estar convencidos de la lógica y el “derecho” a la guerra, incluso de su “necesidad”. Les resulta casi ingenuo pensar sobre la necesidad de galvanizar a la humanidad en torno de causas justas, de argumentar con las razones para buscar la paz y el desarrollo en el mundo.

Y el ánimo por la paz es exiguo. Con ello no restamos importancia a las acciones y contribuciones de la ONU para la paz y seguridad internacionales. Condenar ataques, exhortar al diálogo y al cese de hostilidades, apoyar y facilitar el envío de ayuda humanitaria, entre otros muchos logros de las Naciones Unidas, no es cosa menor. Loables esfuerzos, por supuesto, y en los que estuvo involucrada la delegación mexicana y muchas otras ante la ONU. Pero son bríos insuficientes. Basta revisar lo que sucede desde hace ya varias semanas en Medio Oriente y meses en Ucrania - que obviamente no son los únicos conflictos bélicos en 2024- para confirmar la veracidad de esta preocupación, que debería ser compartida.

Ante este escenario turbulento en el cual la palabra “crisis” se repite en los análisis y en el diccionario, las alternativas han ofrecido resultados exiguos. Pese a que instituciones regionales podrían ser foros adecuados para el tratamiento de estos temas, no han servido de mucho. Dicho de otra forma, la institucionalidad de los organismos regionales o la flexibilidad de foros como el G20 podrán sumar esfuerzos importantes, pero muy probablemente serán insuficientes para germinar soluciones, siquiera paliativas, que conduzcan eventualmente a diseñar un paradigma de paz sustentable y duradera en cada región.

En el renglón económico las tendencias tampoco son las más prometedoras. En el marco global, 2024 verá la profundización de los efectos de la también llamada “recesión de la globalización”, para otros conocida como “desglobalización” y para los más tradicionales, “proteccionismo”. En el vecindario latinoamericano, los expertos pronostican menos crecimiento de la economía regional. Al igual que las demás regiones, se vivirá una ralentización económica. Empero, la buena noticia es que las previsiones apuntan a que la inflación registrará una baja relativa en 2024 en todo el mundo a reserva de que los conflictos armados no escalen y disloquen los mercados de materias primas (granos y petróleo), después de que el año que acabamos de despedir se caracterizó por sus turbulencias inflacionarias y una revisión de la política monetaria con medidas contractivas.

En cuanto a números, se anticipa que las mayores economías, la estadounidense y la china, desaceleren su crecimiento este año. La zona euro se mantiene y mantendrá débil, pues no hay indicios de lo contrario. Y si bien la economía de la India, de acuerdo con diversos analistas, mantendrá un óptimo desempeño no lo será suficientemente acelerado para contagiar a sus vecinos y “cargar” al resto del orbe. Según proyecciones del Banco Mundial, el crecimiento económico de América Latina en 2024 se ubicará por debajo del 2.5%, siendo lo más probable que únicamente alcance 2.3 %. La economía mexicana, por su parte, podría crecer a cerca del 3% o ligeramente más. Esto último gracias a las ventajas del nearshoring.

Ante este escenario, no cabe duda de que la situación económica internacional, la arquitectura financiera global y la transición hacia una economía verde serán temas de debate y análisis durante el año, principalmente entre las principales economías del mundo reunidas en el G20. Y mucho que decir, decidir y hacer tendrán las multinacionales.

2024 es también un año de importantes definiciones, particularmente gracias a las elecciones nacionales que se celebrarán en varias latitudes del mundo a lo largo del año.

Lo descrito hasta aquí son inercias, tendencias, transiciones y probabilidades de 2024, todas basadas en datos, hechos y el análisis de las múltiples crisis que vive el mundo y a la preocupante inacción a nivel internacional para solucionarlas. Pero 2024 es también un año de importantes definiciones, particularmente gracias a las elecciones nacionales que se celebrarán en varias latitudes del mundo a lo largo del año, estando en juego decisiones fundamentales. Son más de sesenta países que celebrarán comicios. Además de nuestro país, los procesos electorales en Estados Unidos, India y Rusia sobresalen por su importancia en generar reverberaciones globales y efectos determinantes para el futuro de la estabilidad regional y mundial y para dictar el rumbo de las tendencias y el grado de probabilidad de que las inercias descritas continúen o se desechen. Será igualmente importante para la brújula geopolítica, principalmente en Asia, el caso de Taiwán y los comicios que celebrará. Por supuesto, el caso estadounidense tendrá efectos de corto y mediano plazo en la relación bilateral con México, fundamentados en las actuales crisis, tanto migratoria como de seguridad y tráfico de fentanilo. A ello se suma el hecho de que en 2026 será revisado el T-MEC, principal acuerdo norteamericano. De interés también para la realidad regional serán las elecciones que tendrán verificativo en 2024 en El Salvador y Venezuela. Globalmente, estará en la boleta de cada elector confirmar los valores de la cultura política democrática. Las inclinaciones para el autoritarismo, la concentración de poder y la aceptación cada vez más popularizada de los ejes conceptuales más extremos del espectro político, son reales en todo el orbe.

Es posible afirmar con rotundidad que, quitando algunos casos muy puntuales, el deporte no supone ni una nota al pie en los estudios de Relaciones Internacionales, quedando como coto casi privado en ciencias sociales de la Economía y Sociología. Sin embargo, en un mundo cada vez más interconectado y donde las estrellas del deporte son figuras mundiales, los internacionalistas deben considerar al deporte con mayor claridad como un área fundamental y de creciente importancia. Así, en el mundo del deporte es posible trazar un paralelismo de cómo funciona la política exterior de los países en relación con su poder nacional. Si un país se vuelve más poderoso, generalmente intentará usar ese poder para ganar influencia en el escenario internacional. Si su poder disminuye, tendrá menos capacidad de acción y dependerá más de las decisiones de otros países.

A través de diversas investigaciones, este mismo principio se aplica a cómo los países manejan su participación y desempeño en eventos deportivos internacionales. Cuando un país aumenta su poder y prestigio a nivel global, el ranking en el medallero de las competencias deportivas será un objetivo político a considerar del mismo modo que se buscará organizar eventos deportivos de alcance global. Ambos caminos suponen una forma de mostrar su posición y relevancia obtenida en el mundo. Esto es posible observar en la historia del deporte desde la Alemania nazi con los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, hasta Qatar con la reciente Copa Mundial FIFA 2022, pasando por Brasil con el combo de Mundial FIFA y Juegos Olímpicos en 2014 y 2016. En definitiva, el deporte de élite forma parte de la política exterior de los países, en una de las ramas más populares de lo que hoy día se denomina diplomacia deportiva.

En este sentido, si bien no es posible obviar, desde lo micro, cómo los resultados finales en eventos deportivos quedan también en manos de variables puramente deportivas en el marco del desarrollo de talento (técnicas de entrenamiento, psicología, nutrición, medicina, etc.), este artículo sostiene que el input inicial corresponde a lo macro, esto es, a la retroalimentación existente entre el poder nacional y el diseño de los planes de medallas. Esta es precisamente la tesis que el estudio publicado en la prestigiosa revista Third World Quarterly defiende, tras analizar la correlación entre el World Power Index (o IPM, por sus siglas en español) y la cantidad de puntos obtenidos por cada país en los juegos panamericanos (3 por medalla de oro conseguida, 2 por la plata y 1 por el bronce). Este estudio demuestra que existe una correlación significativamente alta entre el IPM y los puntos obtenidos por los países en los Juegos Panamericanos, lo que significa que aquellos países que tienen un valor más alto en el IPM tienden a obtener una clasificación superior en los Juegos Panamericanos.

En los megaeventos deportivos regionales (como los Juegos Panamericanos) o globales (como los Juegos Olímpicos), los Estados tienen siempre como objetivo, a corto plazo, aumentar o al menos mantener el número de medallas con respecto a las ediciones anteriores. Pero, a mediano y largo plazo, el objetivo es mejorar de acuerdo con la posición internacional del país en cuestión. En esa planificación del medallero, desde los ministerios de deportes, Comités Olímpicos Nacionales y Federaciones Deportivas Nacionales, hasta los entrenadores y atletas, todos ellos comprenden el lugar actual de su país en la estructura internacional de poder, así como el recorrido histórico de su país en cuanto a su competitividad deportiva y, por lo tanto, las expectativas sistemáticas con las que deben de cumplir. Es decir, México y Brasil, las principales potencias regionales latinoamericanas, son conscientes de que históricamente Estados Unidos es inalcanzable en los Juegos Panamericanos. Pero fijan entre sus objetivos un número de medallas a conseguir que les permita luchar por el cuarto, tercero o, incluso, el segundo puesto del ranking, por arriba de Canadá que es una potencia mundial. Argentina, que fue en tiempos pasados una destacada potencia deportiva en el continente durante la Guerra Fría, se encuentra experimentando las repercusiones de una larga crisis política, económica y social que se ha prolongado por décadas. Esta crisis ha llevado al país a salir del top-5 de potencias deportivas (incluyendo a Cuba en esta categoría) y ha permitido que Colombia se involucre con regularidad en la competencia por el sexto lugar en el ranking deportivo continental.

 

Sin embargo, en el caso mexicano, hay matices importantes que realizar. Como podemos observar en el gráfico superior, si bien la tendencia muestra que hay un crecimiento del poder nacional de México según el IPM, así como del número de puntos obtenido por la delegación mexicana en los Juegos Panamericanos desde 1975, esta relación no es homogénea. ¿Cómo explicar esto? En primer lugar, es necesario considerar que tanto el poder nacional como el medallero son relacionales. Es decir, se definen en relación con el desempeño de los demás países y ninguno puede monopolizarlos en exclusiva. En segundo lugar, el orden internacional (unipolar, bipolar o multipolar) dictamina sentido político del medallero, lo cual será un impulso determinante para la diplomacia deportiva; es decir, la apuesta de los Estados por medallas como objetivo de política exterior. Finalmente, no todos los países tienen la misma capacidad extractiva, pudiendo rendir por encima o por debajo de sus expectativas de acuerdo con sus capacidades nacionales.

Esto se observa claramente durante la bipolaridad de la Guerra Fría, donde Estados Unidos, Canadá y Cuba concentraron el 76,03% del total de puntos de los Juegos Panamericanos en las 5 ediciones que abarcan desde 1975 hasta 1991, lo cual limitaba enormemente las posibilidades de medallas del resto de países, incluso de las potencias regionales México, Brasil y Argentina. En este mismo periodo, México buscó reforzar la imagen del país como líder regional. Pero a diferencia de Cuba que apostó por destacarse en el medallero olímpico, la élite política mexicana puso mayor énfasis en la celebración de eventos deportivos de renombre como los Juegos Olímpicos de 1968, la Copa Mundial FIFA de 1970 y 1986, así como diferentes campeonatos mundiales o carreras de F1. Este liderazgo regional fue reforzado, además, con apoyo financiero y la facilitación de instalaciones deportivas en territorio mexicano a aquellos países centroamericanos con dificultades económico-deportivas, posibilitándoles competir en los Juegos de 1968, mostrando México su solidaridad continental deportiva. Volviendo a los Panamericanos, en cuestión de rankings, México nunca quedó por debajo del top-6 en este periodo. Su categoría de potencia regional garantizaba al final un mínimo de desarrollo deportivo en relación con el resto de países del continente, lo cual siempre se reflejó en el ranking final del medallero.

[…] si bien México está gozando de un momento dulce en cuanto a rendimiento deportivo en el continente, no puede dormirse en los laureles considerando el recrudecimiento de la competitividad del deporte internacional…

Ya en la Posguerra Fría, sin esa bipolaridad deportiva, el porcentaje de Estados Unidos, Canadá y Cuba se ha reducido hasta poco más del 50% desde 1995 hasta 2023, lo cual “habilita” un mayor número de medallas por las que competir para el resto de los países. En esta nueva dinámica, Argentina y México han enfrentado desafíos similares, especialmente durante el siglo XXI. Argentina, por un lado, tiene el objetivo de recuperar su posición destacada en el medallero de los Panamericanos a través de la implementación de un ambicioso plan estratégico con una inversión ampliada que abarca hasta el año 2032. Por otro lado, México ha demostrado una habilidad excepcional para optimizar unos recursos limitados, ya que durante la presidencia de Peña Nieto el financiamiento al deporte disminuyó un 70%, situación que apenas se ha alterado durante el mandato de López Obrador, que ha continuado con políticas de austeridad en cuanto al deporte. Esto ha generado tensiones entre la Comisión Nacional de Deporte y Cultura Física (CONADE) y el Comité Olímpico Mexicano, que demanda un mayor apoyo institucional.

En este sentido, y para concluir, si bien México está gozando de un momento dulce en cuanto a rendimiento deportivo en el continente, no puede dormirse en los laureles considerando el recrudecimiento de la competitividad del deporte internacional en las últimas décadas, que requiere una inversión deportiva cada vez mayor sólo para mantener la producción de medallas. A fin de cuentas, el poder nacional y el medallero no son estáticos. Los estados ascienden, se estancan o decaen en la estructura internacional, lo cual incide directamente en la priorización del deporte en la agenda gubernamental, el diseño de los planes de medallas y, en consecuencia, la asignación de recursos al deporte de élite. Sin duda alguna, estas decisiones gubernamentales tienen un impacto directo en los resultados conseguidos en las competiciones internacionales.

En 2019 el gobierno de México presentó el Segundo Informe de Gobierno 2019-2020, en el cual reconoció la importancia de la participación de las mujeres en la vida nacional. Asimismo, en el documento se presentó formalmente la Política Exterior Feminista (PEF) con el propósito de orientar las acciones de política exterior para eliminar las desigualdades y diferencias estructurales. La adopción de la PEF se presentó como una de las grandes apuestas de la presente administración pero, en contraste con lo que se señala a nivel discursivo, ¿qué es lo que sucede en realidad? El objetivo del presente ensayo es inspeccionar las bases de la PEF y contrastar sus primeras acciones con el panorama de violencia en México, para identificar puntos claves que permitan una óptima implementación.

El gobierno de México adoptó en 2020 la PEF con el objetivo de encaminar las acciones de la política exterior a reducir las diferencias estructurales y la desigualdad de género. El interés de México por impulsar la igualdad de género y los derechos de las mujeres en foros internacionales no es reciente, porque guarda una trayectoria importante cuando se trata de estos temas. Por ejemplo, en 1975 fue sede de la Primera Conferencia Mundial sobre la Mujer y también formó parte de las conferencias posteriores, entre ellas la de Pekín, la cual fue clave para la incorporación del factor género en la agenda de seguridad internacional. Por lo tanto, la promoción de la cuestión de género y los derechos de las mujeres no es nueva, pero cobra relevancia porque se ha delineado una política pública, con principios y objetivos.

La presentación de la PEF coloca a México como pionero a nivel internacional, al ser uno de los primeros Estados en hacerlo y al ser el primer país de América Latina en adoptarla, pero ¿a qué se refiere con feminista? Aún existen dudas sobre la elección particular del término “feminista”. Al respecto, la investigadora Inés Arco Escriche menciona que hasta el momento ninguno de los países que han adoptado una PEF, entre ellos Canadá, Francia y España, ha dejado en claro a qué se refiere con la denominación de feminismo. Esto ha dado pie a múltiples interpretaciones, por ejemplo, México define que es un “conjunto de principios que buscan desde la política exterior, orientar las acciones gubernamentales para reducir y eliminar las diferencias estructurales, brechas y desigualdades de género con el fin de construir una sociedad más justa y próspera”.

[…] una política exterior que pretenda denominarse feminista necesita desafiar las jerarquías de poder y género, así como los estereotipos.

De acuerdo con las académicas Karin Aggestan y Annika Bergman, la incorporación de la perspectiva feminista requiere de orientar la política exterior a un plan más ambicioso que desafíe las jerarquías de poder y género de las instituciones. En otras palabras, una política exterior que pretenda denominarse feminista necesita desafiar las jerarquías de poder y género, así como los estereotipos. Incluso, es fundamental ampliar el entendimiento de la seguridad, más allá de la visión tradicional, para agregar nuevos enfoques que sean complementarios como la seguridad humana, el cual pone como prioridad la procuración de seguridad de las personas. Además, el término feminismo corresponde a una serie de enfoques, entre ellos el feminismo liberal, el radical y la perspectiva de género; por lo tanto, hacer uso de término requiere de entender la multiplicidad de enfoques y resulta importante revisar la trayectoria feminista para comprender que cada uno de ellos tiene sus propios objetivos.

Con respecto a lo anterior, la Dirección General de Derechos Humanos y Democracia mencionó que la PEF hace transversal la perspectiva de género en todas las áreas de política exterior, además de que visibiliza el aporte de las mujeres en las acciones globales y mantiene un enfoque de congruencia al exterior y al interior. De primera instancia, la PEF ha sido desarrollada e implementada con un enfoque de arriba hacia abajo en el cual, hasta el momento, no han existido espacios para la participación de la sociedad civil. Lo anterior quiere decir que una PEF, más allá de grandes declaraciones, requiere de “iniciar un proceso de mediano plazo, que permita un cambio de paradigma hacia nuevas formas de concebir y hacer la política exterior”, así como la transformación de las estructuras que permitan la participación de las mujeres.

La SRE presentó los cinco ejes que sostienen la PEF orientados a la política exterior con perspectiva de género y al funcionamiento de la misma secretaría: SRE paritaria, SRE libre de violencia y segura y SRE feminista e intersección. Lo anterior busca dar coherencia a lo establecido con la PEF dentro de la propia secretaría. En el caso del Servicio Exterior Mexicano, por poner un ejemplo, a finales de 2020 de las 1,117 personas trabajadoras, tan solo el 31% eran mujeres que se encontraban principalmente en el área técnico-administrativa. Mientras que el puesto de cancillería ha sido ocupado por mujeres únicamente en cuatro ocasiones: Rosario Green de 1998 a 2000, Patricia Espinosa de 2003 a 2006, Claudia Ruiz Massieu de 2012 a 2015, y Alicia Bárcena desde julio del presente año. Lo anterior corresponde también con la necesidad de que los programas institucionales atiendan las diferencias, porque hay múltiples informes que dan cuenta de las brechas que existen entre hombres y mujeres para desarrollar las vidas profesionales.

A propósito de los compromisos internacionales, México se comprometió con la Agenda de Mujeres, Paz y Seguridad desde la aprobación de la Resolución 1325 en el año 2000 y las resoluciones subsecuentes. El 11 de enero de 2021 el Gobierno de México presentó su primer Plan Nacional de Acción para el Seguimiento de la Resolución 1325 (2000) de la Agenda Mujeres, Paz y Seguridad (PNA-1325), instrumento que se alinea con la PEF. Entre los propósitos del PNA-1325 se encuentra la promoción de la participación sustantiva y activa de las mujeres en la prevención de conflicto a todos los niveles: mantenimiento, reconstrucción y consolidación de la paz; la asistencia humanitaria; el desarme, reintegración y control de armamento; la atención de violencia sexual y de género, y, fortalecimiento del estado de derecho. Sin embargo, se observa que pasaron 20 años para que se presentara el primer Plan Nacional en esa materia, que, además, coincide con un contexto caracterizado por el incremento de las violencias contra las mujeres: feminicidios, desapariciones, explotación sexual y violencia intrafamiliar.

Al respecto, los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública arrojan que en el año 2021 hubo el mayor número de presuntos feminicidios con 981 en total y tan solo 108 en el mes de agosto, mientras en lo que va de 2023 van 500 casos. En cuanto al número de presuntas víctimas mujeres de homicidio doloso, en 2022 concentra la cifra más alta con 2,805 casos: en el mismo sentido, en julio de 2023 lleva identificados hay 1,516 casos. Por último, la información de los presuntos delitos de violencia familiar también arroja que en 2022 se contabilizó el mayor número de delitos con 270,54; en 2023 hay acumulados 170,488 presuntos delitos.

La violencia contra las mujeres es la principal problemática para enfrentar. De acuerdo con el PNA-1325, se pretende erradicar a través de la participación y capacitación de las mujeres, para enfrentar las raíces del problema. Sin embargo, el primer informe de la implementación del PNA-1325 refleja que las estrategias aplicadas con el plan han estado orientadas a metas distintas. Es decir, las acciones fueron encaminadas a la sensibilización de los funcionarios públicos. Por lo tanto, la puesta en marcha de la PEF está ampliamente relacionada con el del PNA-1325, debido a que ambas guardan un enfoque de arriba hacia abajo. En otras palabras, resulta relevante que la forma de implementar la transversalidad de la perspectiva de género haya comenzado por las estructuras gubernamentales y que no haya involucrado a la población, esto debido a la urgente necesidad de atender las violencias y desigualdades que, principalmente enfrentan las mujeres.

Sin embargo, la situación interna requiere que la PEF no sea solo un esfuerzo aislado, producto de la agenda progresista del gobierno en turno.

En suma, existe evidencia de que México ha incorporado la perspectiva de género a nivel institucional por medio de la puesta en marca de acciones afirmativas como las cuotas de género en la participación política y los protocolos contra la violencia política de género. El compromiso de México por estar a la vanguardia en materia de derechos humanos y cuestiones de género es innegable. Sin embargo, la situación interna requiere que la PEF no sea solo un esfuerzo aislado, producto de la agenda progresista del gobierno en turno. El planteamiento de los objetivos de esta propuesta es tan solo el primer paso, lo que corresponde es que el gobierno mexicano continúe enriqueciendo sus bases y que lleve adelante la transformación de las estructuras que sostienen la desigualdad y mantiene las brechas de género. De igual manera, la PEF y el PNA-1325 deben plantear mecanismos que permitan evaluar los avances para identificar las oportunidades para transformarse. Finalmente, es necesaria que su vinculación con los diferentes sectores gubernamentales, porque los compromisos al exterior deben ser congruentes con las políticas públicas desarrolladas al interior.

La paradiplomacia es el fenómeno de las relaciones internacionales que involucra a los gobiernos subnacionales, es decir, de regiones, estados, ciudades, provincias, municipios o gobiernos locales. Estos actores buscan establecer vínculos con otros actores internacionales con el fin de promover sus intereses, cooperar en temas comunes o influir en la agenda global. La paradiplomacia plantea una serie de cuestiones éticas que deben ser analizadas desde una perspectiva crítica y reflexiva. En este ensayo, se abordarán algunos de los principales desafíos éticos que enfrenta la paradiplomacia, tales como la legitimidad, la representatividad, la transparencia, la responsabilidad y la coherencia.

El mundo actual, cada vez más interconectado y globalizado, ha permitido una mayor interacción entre los diversos actores internacionales. Los gobiernos locales han conseguido mayor relevancia en las relaciones internacionales a través de su vinculación con el exterior en paralelo al Estado del que forman parte y han utilizado la paradiplomacia como herramienta para lograrlo. Dicha vinculación tiene múltiples objetivos y motivaciones, desde la defensa de la identidad y la autonomía, hasta la búsqueda de oportunidades económicas y sociales, pasando por la cooperación para el desarrollo y la resolución de conflictos. Sin embargo, ¿Qué criterios éticos guían la paradiplomacia? ¿Qué impacto tiene la paradiplomacia en el desarrollo de los pueblos y las naciones? ¿Qué desafíos y oportunidades plantea la paradiplomacia para el orden internacional?

Estas son algunas de las preguntas que se abordan en este ensayo, que tiene como objetivo analizar la relación entre ética, paradiplomacia y desarrollo. La ética se refiere al conjunto de principios y valores que orientan la conducta humana en función del bien común, la paradiplomacia se refiere a las acciones internacionales que realizan los actores subnacionales o gobiernos locales para promover sus intereses y cooperar con otros actores y el desarrollo se refiere al proceso de mejora de las condiciones de vida de las personas, tanto en el ámbito material como en el social, cultural y ambiental.

Este ensayo analiza cómo la ética influye en la paradiplomacia y cómo ésta contribuye al desarrollo. Se parte de la hipótesis de que la paradiplomacia puede ser un instrumento ético para el desarrollo, siempre que se base en el respeto a la soberanía nacional, la solidaridad internacional y los derechos humanos. Además de examinar algunos casos de paradiplomacia exitosa en diferentes regiones del mundo, como Europa, América Latina y Asia, y de identificar a los factores que favorecen o dificultan su práctica. Se concluye con algunas recomendaciones para fortalecer el papel de la paradiplomacia como agente ético del desarrollo.

La paradiplomacia

El término paradiplomacia fue acuñado por el politólogo canadiense Ivo Duchacek para referirse a las actividades internacionales de las provincias canadienses. Desde entonces, el concepto se ha ampliado para abarcar a cualquier actor subnacional que participe en la arena internacional de forma autónoma o coordinada con el gobierno central. Algunos autores distinguen entre paradiplomacia horizontal, que se refiere a las relaciones entre actores subnacionales del mismo nivel, y paradiplomacia vertical, que se refiere a las relaciones entre actores subnacionales y estados soberanos.

La paradiplomacia tiene varias ventajas para los actores subnacionales. En primer lugar, les permite defender sus intereses específicos y aprovechar sus potencialidades en ámbitos como el comercio, la cultura, el turismo, el medio ambiente o la cooperación para el desarrollo. En segundo lugar, les permite acceder a información, recursos y redes que pueden complementar o compensar las limitaciones del gobierno central. En tercer lugar, les permite proyectar una imagen positiva y diferenciada en el exterior, lo que puede reforzar su identidad y legitimidad internas.

Principales dilemas éticos de la paradiplomacia

La legitimidad se refiere al grado en que los actores paradiplomáticos tienen el derecho o la autorización para participar en la arena internacional. La legitimidad puede derivar de la constitución, la ley, el consenso social o el reconocimiento internacional. Sin embargo, también puede ser cuestionada por otros actores estatales o subnacionales que pueden ver la paradiplomacia como una amenaza a su soberanía, su unidad o su interés nacional. Por lo tanto, los actores paradiplomáticos deben justificar sus acciones y objetivos ante sus propios ciudadanos y ante la comunidad internacional. Por ejemplo, el caso de Cataluña, que ha desarrollado una intensa actividad paradiplomática en favor de su autodeterminación, ha generado una fuerte controversia con el gobierno central de España, que lo considera una violación de la constitución y de la integridad territorial.

La representatividad refleja los intereses, las demandas y las expectativas de sus sociedades; implica que los actores paradiplomáticos sean democráticamente elegidos, consultados y controlados por sus electores. Además, la representatividad involucra el respeto a la diversidad y la pluralidad de opiniones y grupos sociales dentro de sus territorios. Por lo tanto, los actores paradiplomáticos deben evitar el elitismo, el clientelismo y el sectarismo en sus prácticas diplomáticas. Por ejemplo, el caso de Quebec, que ha mantenido una amplia red de relaciones internacionales con otros países francófonos y con organizaciones multilaterales, ha buscado siempre el consenso social y político sobre sus prioridades y acciones paradiplomáticas.

La transparencia manifestada por los actores diplomáticos cuando hacen pública y accesible la información sobre sus actividades, decisiones y resultados en el ámbito internacional. La transparencia implica que los actores paradiplomáticos deben rendir cuentas ante sus ciudadanos y ante las instituciones nacionales e internacionales. Además, la transparencia implica que los actores paradiplomáticos deben facilitar el escrutinio y la evaluación de sus acciones y objetivos por parte de otros actores interesados o afectados. Por lo tanto, deben evitar la opacidad, la discrecionalidad y la manipulación en sus relaciones internacionales. Por ejemplo, el caso de California, que ha liderado una serie de iniciativas paradiplomáticas sobre el cambio climático y la cooperación para el desarrollo, ha publicado regularmente informes y datos sobre sus proyectos y logros en estos ámbitos.

La responsabilidad se refiere al grado en que los actores paradiplomáticos asumen las consecuencias de sus acciones y decisiones en el ámbito internacional. La responsabilidad implica que los actores paradiplomáticos deben respetar las normas, los principios y los valores del derecho internacional y de los derechos humanos. Además de que los actores paradiplomáticos deben contribuir al bienestar común y al desarrollo sostenible de sus propias sociedades y del mundo en general. Por lo tanto, deben evitar el egoísmo, el oportunismo y el cortoplacismo en sus estrategias diplomáticas. Por ejemplo, el caso de Escocia, que ha participado activamente en diversas redes y foros internacionales sobre temas como la educación, la salud o la igualdad de género, ha demostrado un alto grado de compromiso ético y solidario con las causas globales.

La coherencia alude al actuar de los paradiplomáticos cuando mantienen una línea de acción consistente y compatible con sus discursos y compromisos en el ámbito internacional. La coherencia implica, por un lado, que los actores paradiplomáticos alineen sus intereses y objetivos con los de sus respectivos estados nacionales y con los de la comunidad internacional. Por otro lado, implica que coordinen y cooperaren con otros actores estatales o subnacionales que compartan sus visiones y valores. Por lo tanto, los actores paradiplomáticos deben evitar la contradicción, la incoherencia y el conflicto en sus iniciativas diplomáticas. Por ejemplo, el caso de Flandes, que ha establecido una estrecha colaboración con el gobierno federal de Bélgica y con la Unión Europea en materia de comercio, cultura o seguridad, ha mostrado coherencia y complementariedad en su acción exterior.

Paradiplomacia: desarrollo, ética y cooperación

El desarrollo es uno de los objetivos principales de la paradiplomacia, tanto para los actores subnacionales que la practican como para los socios con los que se relacionan. La paradiplomacia puede facilitar el intercambio de experiencias, conocimientos, recursos y buenas prácticas entre entidades territoriales que comparten desafíos similares o que tienen potencialidades complementarias. Así, la paradiplomacia puede contribuir al fortalecimiento de las capacidades locales, al fomento de la innovación y la competitividad, y a la mejora de la calidad de vida de las poblaciones. Por ejemplo, la Red de Ciudades C40 es una iniciativa paradiplomática que reúne a más de 90 ciudades del mundo para colaborar en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático. Sin embargo, también puede generar desafíos, como la competencia desleal, la fragmentación del orden internacional o la vulneración de los derechos humanos.

La ética es otro aspecto fundamental de la paradiplomacia, ya que implica una responsabilidad compartida de los actores subnacionales con el bienestar de la humanidad y el planeta. La paradiplomacia puede ser un medio para impulsar agendas globales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París sobre el cambio climático o la Agenda 2030 para las Ciudades. Además, la paradiplomacia puede promover valores como el diálogo, la solidaridad, el respeto a la diversidad y los derechos humanos, y la defensa de la paz y la democracia. Un ejemplo de esto es el Foro Global de Asociaciones Regionales (FOGAR), que agrupa a más de 30 organizaciones regionales que trabajan por el desarrollo sostenible, la cohesión social y la gobernabilidad democrática. La paradiplomacia puede ser una expresión de la responsabilidad global, de la solidaridad, del diálogo intercultural y del respeto a la diversidad. Pero también puede ser una fuente de conflictos, de injerencia, de hegemonía y de exclusión. Por ello, se requiere un marco ético que oriente la paradiplomacia hacia el bien común y el interés general.

La cooperación es el elemento que articula la paradiplomacia, ya que se basa en la construcción de redes y alianzas entre actores subnacionales y otros actores internacionales, como estados, organizaciones internacionales, sociedad civil o sector privado. La cooperación permite generar sinergias, complementariedades y beneficios mutuos entre los distintos niveles de gobernabilidad. La cooperación también implica un compromiso con el multilateralismo y el orden internacional basado en normas, puede estimular la cooperación multilateral, a través de redes o asociaciones de actores subnacionales; o bilateral, a través de acuerdos o convenios específicos. Puede potenciar la cooperación sur-sur, entre actores de países en desarrollo o emergentes, o norte-sur, entre actores de países desarrollados y en desarrollo. Un ejemplo de cooperación paradiplomática es el Programa Iberoamericano para el Fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur (PIFCSS), que apoya a las administraciones públicas subnacionales en el diseño e implementación de proyectos de cooperación sur-sur.

Por ejemplo, en Europa, la Unión Europea (UE) ha impulsado la participación de las regiones y las ciudades en sus políticas y programas, así como en sus relaciones exteriores con otras regiones del mundo. Esto ha permitido a los actores subnacionales europeos desarrollar una amplia red de cooperación e intercambio con otros actores subnacionales, tanto dentro como fuera de la UE, en temas como el medio ambiente, la cultura, la educación o la innovación. Esta paradiplomacia europea ha contribuido a reforzar la cohesión interna de la UE, así como su proyección externa como actor global.

En América Latina, la paradiplomacia ha sido un medio para que los actores subnacionales expresen sus demandas e intereses frente a los gobiernos centrales, muchas veces débiles o excluyentes. Regiones como Sao Paulo en Brasil, Antioquia en Colombia o Santa Cruz en Bolivia han desarrollado una intensa actividad internacional para promover su desarrollo económico y social, así como su autonomía política. Al mismo tiempo, han establecido vínculos de cooperación con otras regiones latinoamericanas o de otros continentes, especialmente en el marco de organizaciones regionales como el Mercosur o la Comunidad Andina.

En Asia, la paradiplomacia ha sido un instrumento para que los actores subnacionales se adapten a los cambios geopolíticos y económicos que vive el continente. Así, ciudades como Shanghái en China, Tokio en Japón o Singapur han aprovechado su potencial económico y financiero para posicionarse como centros globales de negocios e innovación. Al mismo tiempo, han establecido alianzas estratégicas con otras ciudades asiáticas o de otras regiones del mundo, especialmente en el ámbito de la integración regional asiática o del comercio internacional. Estos casos muestran cómo la paradiplomacia puede tener un impacto positivo en el desarrollo de los actores subnacionales y sus sociedades, siempre que se realice con criterios éticos y respetuosos con el orden internacional.

Desafíos

La paradiplomacia también tiene algunos inconvenientes y riesgos. En primer lugar, puede generar conflictos o contradicciones con la política exterior del estado al que pertenecen los actores subnacionales, lo que puede afectar a la coherencia y la credibilidad del país. En segundo lugar, puede suponer una carga financiera y administrativa para los actores subnacionales, que deben contar con personal calificado y recursos suficientes para gestionar sus actividades internacionales. En tercer lugar, puede exacerbar las tensiones o rivalidades entre los actores subnacionales o con el gobierno central, especialmente si hay aspiraciones separatistas o autonomistas.

La paradiplomacia ha experimentado un auge en las últimas décadas, debido a factores como la globalización, la regionalización, la descentralización, la democratización y la digitalización. Algunos ejemplos de casos exitosos de paradiplomacia son: la participación de California en el Acuerdo de París sobre el cambio climático; la cooperación entre las regiones fronterizas de México y Estados Unidos en temas de seguridad, migración y desarrollo; la creación de redes de ciudades como C40 o Metropolis para abordar los desafíos urbanos o la diplomacia cultural de Barcelona o Quebec.

No obstante, también hay ejemplos de casos fallidos o problemáticos de paradiplomacia: la interferencia de Rusia en los asuntos internos de Ucrania a través de Crimea; el intento fallido de Cataluña de celebrar un referéndum de independencia en 2017; la suspensión de la autonomía de Hong Kong por parte de China o la falta de reconocimiento internacional de Taiwán.

Conclusión

La paradiplomacia es un fenómeno complejo y dinámico cada vez más relevante en el mundo actual, que ofrece oportunidades y desafíos para que los actores subnacionales participen activamente en la construcción de un orden internacional más justo, sostenible e integrado que también requiere un análisis ético riguroso y profundo. Sin embargo, esta participación también implica una responsabilidad ética, que debe basarse en los principios y valores universales que rigen el comportamiento humano.

Es necesario fomentar el diálogo y la coordinación entre los actores subnacionales y los gobiernos nacionales, para evitar conflictos o duplicidades en la acción internacional. Asimismo, se propone impulsar la cooperación y el aprendizaje mutuo entre los actores subnacionales de diferentes regiones del mundo, para compartir experiencias y buenas prácticas en temas de interés común. Finalmente, se sugiere promover la participación y el empoderamiento de la sociedad civil en la paradiplomacia, para garantizar su legitimidad y transparencia, así como su contribución al desarrollo humano y sostenible.

En este ensayo, se ha demostrado que existe una sinergia positiva entre ética, paradiplomacia y desarrollo, que puede potenciarse mediante una acción coherente, transparente, respetuosa y cooperativa de los actores subnacionales en el ámbito internacional. Es necesario establecer mecanismos de coordinación y cooperación entre los distintos niveles de gobierno para aprovechar los beneficios y evitar los riesgos de la paradiplomacia, de esta manera, podrán contribuir positivamente a la construcción de un orden internacional más democrático, pacífico y solidario.

La paradiplomacia o la diplomacia local llevada a cabo por las ciudades de un país se ha vuelto cada vez más importante en los últimos años, esto es por la creciente globalización, pero sobre todo por el acercamiento, colaboración y cooperación de ellas con otras ciudades o instituciones extranjeras o incluso organismos internacionales en ámbitos culturales, económicos, turísticos, entre otros. Este aumento en la participación de las entidades federativas es parte de la interdependencia entre ellas, así como la apertura económica; por lo que, el gobierno de las ciudades se ha dado cuenta de la importancia que tiene la colaboración con otras ciudades para la promoción de exportaciones, importaciones, la atracción de inversión extranjera, el turismo y la cooperación sectorial y tecnológica. Derivado de lo anterior, es importante mencionar que no solo los estados de la República Mexicana pueden hacer paradiplomacia, sino que también los municipios e incluso las extintas delegaciones, ahora alcaldías, de la Ciudad de México, pueden llevarla a cabo.

Un ejemplo de una ciudad que cuenta con un sitio muy relevante a nivel internacional es la alcaldía Gustavo A. Madero, domicilio de la Basílica de Guadalupe, lugar católico emblemático donde suelen acudir los feligreses de México y de otros países, que de acuerdo con datos de El Economista se recibieron al menos 11 millones de peregrinos el 12 de diciembre de 2022 (Día de la Virgen de Guadalupe). Aunque, no es el único lugar relevante de la alcaldía debido a que cuenta con otros sitios atractivos para la promoción turística y económica, la Basílica es de los lugares que no debe faltar en el itinerario de un visitante internacional a la Ciudad de México. Por lo que el objetivo del presente ensayo es crear una estrategia para que la alcaldía Gustavo A Madero aproveche sus ventajas culturales, económicas e históricas para ser un lugar atractivo a nivel internacional.

La diplomacia local de los municipios o alcaldías en México

La “paradiplomacia”, “diplomacia local”, “acción exterior de los gobiernos locales” son las actividades realizadas por los gobiernos locales a nivel internacional y que son distintas a las realizadas por los gobiernos nacionales o centrales. En la literatura de la teoría de las relaciones internacionales, los primeros autores en usar el término “paradiplomacia” fueron Yvo Duchacek y Panayotis Soldatos. En 1992, México creó la Ley sobre la Celebración de Tratados (LCT), la cual faculta a los gobiernos locales para firmar acuerdos interinstitucionales, ya sea de hermanamiento o de cooperación específica (educativa, cultural, económica, deportiva) con sus similares extranjeros, cumpliendo con el procedimiento legal aplicable y registrarlos debidamente ante la Dirección General de Coordinación Política de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Algunos gobiernos estatales y municipales utilizan su acción exterior como una herramienta que les permite generar mayores oportunidades de desarrollo y de participación en los procesos de integración y globalización económica que tienen lugar hoy en día en la esfera mundial. Con esto, se busca establecer una visión en la que el propio municipio se conciba y visualice como un actor de la sociedad global, por lo que es necesario que las actividades previstas involucren e impliquen a los actores locales más relevantes: universidades y centros de investigación y de conocimiento, establecimientos de formación, empresas públicas, representantes empresariales, cámaras de comercio, asociaciones de productores, entre otros.

Ahora bien, para que la estrategia de internacionalización sea efectiva y se puedan encontrar socios estratégicos se deben de tomar en cuenta los siguientes aspectos: Análisis del contexto internacional; análisis del contexto interno; la elaboración de un perfil del gobierno local (en inglés y en los idiomas de los países con los que les interese vincularse), destacando de manera breve la historia del territorio, su situación geográfica, productiva, social, cultural, natural, entre otras características, es un elemento importante para promover internacionalmente al gobierno local; privilegiar las prioridades y vocaciones del territorio.

La estrategia de acción internacional debe de estar en consonancia con las metas y objetivos plasmados en el plan de desarrollo estatal y municipal, así como conocer el territorio para poder hacerlo atractivo para el mundo. Igualmente, es necesario tomar en cuenta las gestiones o esquemas de gobernanza pueden ser una buena práctica para algún estado o ciudad alrededor del mundo. Se debe crear una oficina de enlace, asignar recursos, generar alianzas con otros Estados o municipios, promoción, atracción territorial, organizar eventos internacionales con cobertura mediática especializada para dar visibilidad a la ciudad, pero no olvidar la creación de hermanamientos.

De acuerdo con la SRE, un acuerdo de hermanamiento “es un mecanismo de cooperación de un valor excepcional, porque pone en contacto, entre los países, no solamente a los dirigentes locales, sino a poblaciones enteras, considerando así a la cooperación intermunicipal mundial como un complemento natural de la cooperación de los estados…” Aunque existen muchas ciudades que son reconocidas internacionalmente por motivos culturales o artísticos, en el caso de la alcaldía Gustavo A. Madero, podría aprovechar que cuenta con la Basílica de Guadalupe, reconocida a nivel internacional, para poder atraer más el turismo y crear hermanamientos con otras ciudades que tengan un monumento emblemático donde se conjugue no solo la religión, sino la arquitectura y la gastronomía, por ejemplo, Santiago de Compostela, que es la capital de la región de Galicia en España, conocida como la ruta de peregrinación de camino del apóstol Santiago y donde se encuentran sus restos.

Por lo tanto, el gobierno de la alcaldía Gustavo A. Madero podría crear su estrategia de internacionalización a través de las preguntas: ¿Qué representa el territorio en el contexto internacional? ¿Qué imagen de la ciudad se quiere proyectar en el exterior? ¿Qué campos de excelencia y qué experiencias exitosas convendrían promocionar hacia fuera? ¿Cómo puede desarrollarse mejor el gobierno y su territorio teniendo en cuenta el entorno global? ¿Qué oportunidades externas conviene captar para mejorar la calidad de vida de la población? basándose en los atractivos con los que cuenta la demarcación y aprovechando el sitio donde se encuentra la Basílica.

Aunado a esto, el gobierno de la alcaldía en cuestión debe de tomar en cuenta la cooperación y colaboración con otros actores que son los sindicatos, líderes culturales y deportivos, cámaras empresariales y locales, sociedad civil organizada, academia, sociedad de migrantes. Con la creación de una oficina de asuntos internacionales se debe de llevar a cabo la promoción económica en el exterior, organización y coordinación de gobierno y otros funcionarios; coordinación de eventos internacionales, acuerdos interinstitucionales, acuerdos de hermanamiento, cooperación internacional descentralizada, vinculación y atención a la comunidad migrante, promoción turística, intercambio educativo, participación de organismos internacionales y siguiendo algunas recomendaciones que da la Secretaría de Relaciones Exteriores, la acción debe ser congruente con la política exterior; conocimiento de oportunidades y prioridades globales; priorizar el bienestar del ciudadano; gobernanza multinivel; diseño de un marco estratégico; colaboración multiactor; relaciones de solidaridad, complementariedad; vinculación internacional; comunicación efectiva; medir impacto y dar contenido financiero.

Con lo anteriormente mencionado se busca que los gobiernos locales interactúen con sus homólogos internacionales en el escenario mundial, siempre y cuando no olvidar que cada uno tiene su tamaño, características e intereses diversos.

Oficina de Asuntos Internacionales de Tlalnepantla de Baz, Estado de México. Experiencia base para la alcaldía Gustavo A. Madero

Los municipios en establecer la primera oficina internacional fueron en Tlanepantla y Celaya en 1996 y en la Ciudad de México, la alcaldía Azcapotzalco en 2019. De acuerdo con un estudio realizado por A. Schiavon en 2021, las oficinas de asuntos internacionales deben de contar con personas que manejen por lo menos un idioma, tengan una licenciatura acorde con las Relaciones Internacionales, asignación de presupuesto, vinculación con los diversos niveles de gobierno, sociedad civil, universidades, empresarios, así como tomar en cuenta la diversidad social, cultural, económica y las necesidades de las ciudades mexicanas.

Desafortunadamente no todas las ciudades cuentan con esas características, a muchas de ellas les hace faltan los recursos para ello, falta de interés de parte de los gobiernos, de capacitación y coordinación con el gobierno federal y estatal, vinculación con otro tipo de actores, y recursos humanos que ayuden a internacionalizar el lugar, por lo que no todas las ciudades de México tienen una acción exterior, como es el caso de la alcaldía Gustavo A. Madero.

Por lo anterior, se eligió el municipio de Tlalnepantla de Baz principalmente por dos razones: 1. Tiene una oficina de asuntos internacionales creada desde 1996 (por lo que se presume que tiene experiencia) y 2. Es colindante con la alcaldía Gustavo A. Madero, por lo que es más fácil que puedan crear acuerdos de hermanamiento y de cooperación, así como compartir experiencias. Lo que se busca con la internacionalización de la Alcaldía Gustavo A. Madero es que se beneficie de un crecimiento de sus actividades internacionales, crear una identidad y marca mundial, por razones culturales y económicas, así como identificar su perfil, prioridad y necesidad local, para definir quienes son los mejores socios internacionales para su avance y consecución.

De igual forma, aunque la Ciudad de México ya es considerada una “ciudad creativa” por la Red de Ciudades Creativas de la UNESCO que se creó en 2004 para promover la cooperación hacia y entre las ciudades que identifiquen la creatividad como factor estratégico de desarrollo urbano sostenible, y que cubre siete ámbitos creativos: artesanía y artes populares, artes digitales, cine, diseño, gastronomía, literatura y música, la alcaldía podría entrar en la economía creativa ya que de acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), es un conjunto de actividades que engloban aspectos económicos, culturales y sociales, en el que interactúan con la tecnología, la propiedad intelectual y el turismo, generando por lo tanto; ingresos, creando empleos, promoviendo la inclusión social, la diversidad cultural y el desarrollo humano, aspectos que podría cumplir la Alcaldía y que se verán más adelante.

Tlalnepantla de Baz, Estado de México

Tlalnepantla de Baz es un importante destino donde los empresarios e industriales del país pueden llevar a cabo congresos, seminarios, conferencias, reuniones de trabajo y juntas de negocios, debido a su magnífica infraestructura turística. Tenayuca y Santa Cecilia Acatitlán son sus dos zonas arqueológicas y representan un verdadero hallazgo, pues muestran en sus pirámides el estilo “azteca” que posteriormente se usaría en el Templo Mayor en la Ciudad de México, está la Catedral de Corpus Christi, ejemplo del arte indígena en el decorado barroco y en el altar principal labrado en madera y recubierto en hojas de oro. En las afueras de la ciudad se encuentra la hermosa Hacienda de Santa Mónica del siglo XV, Palacio Municipal, los Centros Comerciales Mundo E y Plaza Tlane Fashion Mall. Esta localidad sirve de ejemplo de paradiplomacia para su vecino colindante la Alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México por las siguientes consideraciones:

• Cuenta con un Departamento de Asuntos Internacionales y Pasaportes dependiente de la Secretaría Particular de Presidencia.
De acuerdo con su reglamento interior en su artículo 33, menciona que sus facultades son:
• Auxiliar a la Presidencia Municipal en la tarea de fortalecer relaciones con instituciones, sociedades, organizaciones, organismos y personas de otros países.
• Crear políticas y estrategias institucionales de vínculos internacionales
• Promover la imagen y presencia del Municipio en el ámbito internacional
• Establecer vínculos con ciudades hermanas que reúnan características similares al Municipio, en países con los que México haya desarrollado relaciones de amistad y colaboración, con el fin de acceder a mercados e inversiones con proyección global
• Establecer, mantener y fomentar los vínculos entre el Municipio y organismos nacionales e internacionales en materia de cooperación internacional buscando captar recursos y asistencia técnica para proyectos locales
• Fungir como enlace con las diferentes instancias públicas y privadas para la atención de los asuntos relativos a la migración en el municipio.
• Dar asesoría a los migrantes y sus familias sobre temas migratorios
• Participar en la organización de eventos internacionales como congresos, foros, misiones comerciales, ferias y los demás que tengan como finalidad el mejoramiento del municipio.
Tlalnepantla de Baz sí cuenta con algunos Acuerdos Interinstitucionales como:
• Protocolo de Hermanamiento de los municipios de la Serena, Chile y Tlalnepantla de Baz (cultura y turismo), 13 de octubre de 2002 con vigencia indefinida.
• Hermanamiento entre Maanshan, China y Tlalnepantla de Baz (comercio, inversiones, negocios, turismo, educación, cultura), 15 de septiembre de 2008, vigencia indefinida.
• Acuerdo de Contribución Municipio de Tlalnepantla y el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT) (Proyecto “Talleres de Capacitación y construcción de capacidades”.), 2 de julio 2013, vigencia no especificada.

Alcaldía Gustavo A. Madero

La alcaldía Gustavo A. Madero es la segunda alcaldía más poblada de la CDMX (con un millón doscientos mil habitantes), colinda con el Estado de México y al sur con la Cuauhtémoc. Esta demarcación debe su nombre al hermano del expresidente Francisco I. Madero. En esta zona de la ciudad se encuentra el santuario más concurrido de todos: la Basílica de Guadalupe, al pie del Cerro del Tepeyac; además de la Calzada de los Misterios, nombrada así́ debido a los 15 monumentos construidos en representación de los misterios del rosario, y el antiguo Acueducto de Guadalupe. De acuerdo con el sitio Tripadvisor, las atracciones con las que cuenta la Alcaldía Gustavo A. Madero son:

• Basílica de la Virgen de Guadalupe
• Gorditas de la villa
• Capilla del Cerrito
• Capilla del Pocito
• Planetario “Luis Enrique Erro” del Instituto Politécnico Nacional

Lugares destacados de acuerdo con la guía oficial para visitantes de la Ciudad de México:

• Línea 1 del Cablebus: parte de Indios Verdes y se dirige hacia el extremo norte de la Ciudad. Aunque solían ser una zona de difícil acceso, gracias al Cablebús ahora el trayecto es ameno y seguro. Es un punto de vista privilegiado para contemplar la milenaria Sierra de Guadalupe, la cadena de montañas y volcanes extintos que conforman el límite norte de la Ciudad de México.
• Mercados públicos de la GAM.
• Pueblos originarios como: Pueblo San Juan de Aragón, Magadalena de las Salinas, Mercado de San Bartolo Atepehuacan, La preciosa Sangre de Cristo Cuautepec.
• Lindavista ha sido durante mucho tiempo uno de los grandes barrios comerciales de la Ciudad de México. Fue presentado por primera vez en la década de 1930 por Teodoro Gildred. Es lugar de varias plazas comerciales como Parque Lindavista; Parque vía Vallejo, Centro Cultural Futurama, San Cayetano Lindavista, Metro Lindavista, 18 de Marzo y Potrero.
• Zoológico y parque San Juan de Aragón.
• Sierra de Guadalupe, Cerro del Tenayo.

Propuestas de internacionalización para la alcaldía Gustavo A. Madero

Como se vio anteriormente en la descripción de los lugares atractivos de la Alcaldía, puede considerarse una internacionalización de ella, por lo que a continuación se mencionan algunas propuestas:

• Creación de una Oficina de Asuntos Internacionales
• Establecer una Comisión de Asuntos Internacionales dentro de la legislatura de la Ciudad de México para proporcionar una parte de los recursos de la Alcaldía para la operación de la oficina.
• Designar personal que cuente al menos con la licenciatura en Relaciones Internacionales, Negocios Internacionales, Derecho o Ciencia Política y que hable mínimo un idioma.
• Establecer mecanismos de coordinación con diversas instancias gubernamentales, sector privado (empresariado), académico y social (organizaciones de la sociedad civil) dentro del proceso de internacionalización, tanto en los procesos de planeación estratégica como de ejecución de la agenda internacional.
• Fomentar que las embajadas y los consulados de México incluyan dentro de sus actividades y responsabilidades la promoción de la internacionalización de la Alcaldía, no solo en su atractivo principal que es la Basílica de Guadalupe sino en los otros lugares mencionados. Con esto se ayuda a la promoción de sus exportaciones, atracción de IED y cooperación internacional con otras ciudades.
• Promover que el personal del Servicio Exterior Mexicano pueda ser comisionado para trabajar en la oficina de asuntos internacionales para fortalecer las relaciones con aliados estratégicos centrales a nivel global.
• Fortalecer las asociaciones, foros y mecanismo de diálogo y concertación en materia internacional entre gobiernos estatales y locales.
• Rendición de cuentas, para garantizar que sea una política pública que promueva el desarrollo económico y el bienestar a nivel local.
• Participar en la organización de eventos internacionales como congresos, foros, misiones comerciales, ferias y los demás que tengan como finalidad el mejoramiento de la Alcaldía.
Con lo descrito anteriormente, se puede iniciar una estrategia de internacionalización de la Alcaldía, para que no solo el atractivo turístico sea la Basílica de Guadalupe sino también el bosque, la zona de Lindavista con sus plazas comerciales, el establecimiento de grandes y pequeñas empresas, así como el mantenimiento de la Sierra para la práctica de diversos deportes como el ecoturismo y el establecimiento de mejores vías de comunicación.

Conclusión

La acción exterior de los gobiernos locales, entendida como la diplomacia local o paradiplomacia es cada vez mayor debido a la globalización y a las constantes interacciones de las ciudades en diversos ámbitos como el económico, cultural, turístico, lo cual conlleva a obtener reconocimiento, crear una imagen y sobre todo promoción y atraer inversiones a la ciudad. Es por esta razón que la alcaldía Gustavo A. Madero de la Ciudad de México, al tener un atractivo turístico nacional e internacional, que es la Basílica de Guadalupe, puede promocionarse como una de las alcaldías más importantes de la Ciudad y que cuenta con otros atractivos que a mediano o largo plazo le ayudarían para la atracción de inversiones y mejoramiento de la zona.

Es importante destacar que la alcaldía puede llevar a cabo acuerdos de cooperación o basarse en lo que ha realizado el municipio de Tlalnepantla de Baz para poder crear su oficina de asuntos internacionales e iniciar con su estrategia de internacionalización y hermanamiento para que de esta manera pueda destacar entre las demás alcaldías de la Ciudad de México y ser una parada obligatoria para los gobiernos de otros países, ciudades, empresarios, y turistas.

En el pasado, las relaciones internacionales habían sido asuntos tradicionalmente exclusivos del Estado-nación, al menos en lo que respecta a la seguridad y la defensa de la soberanía. Sin embargo, en los años setenta se da una “revolución transnacional” como la llamó Samuel Huntington. Nuevos actores de naturaleza no estatal surgen en el ámbito internacional y la frontera entre asuntos locales y exteriores se erosiona. Dan visibilidad a problemas reales y locales que de otra manera se quedaban sin atención de la diplomacia estatal.

De esta manera, la paradiplomacia surge y es definida básicamente como todas las actividades internacionales de los gobiernos subnacionales con una variedad de objetivos e intereses. Su principal motivo es la cuestión económica, la segunda es la cooperación descentralizada, y la tercera, cuestiones políticas y nacionalistas.

Las actividades internacionales llevadas a cabo por los gobiernos subnacionales están determinadas por factores internos y externos, tales como la globalización económica y la integración de bloques regionales de libre comercio y acuerdos internacionales que facilitan la inserción de unidades subnacionales a la economía global, o bien los factores político-institucionales que dependen de variable domésticas como el federalismo y la descentralización que les otorgan capacidades legales a las provincias para actuar en el ámbito internacional.

En el caso de Canadá, tiene como cabeza de gobierno a un primer ministro electo con un sistema parlamentario federal y las responsabilidades gubernamentales se dividen entre los gobiernos provinciales y federales. Las responsabilidades federales son responsabilidad de un sistema monárquico y de las ramas Ejecutiva, Legislativa y Judicial del gobierno. El federalismo de Canadá es el resultado de la integración de las provincias del Este y del Oeste, así como Nueva Brunswick y Nueva Escocia y en 1867 se constituye como una Monarquía democrática constitucional con un sistema parlamentario federal. Finalmente en 1982 se crea la Constitución de Canadá. Su diversidad cultural y lingüística siempre han definido a la sociedad Canadiense, siendo notables los francoparlantes en el área de Quebec y una población aborigen de aproximadamente el 3% del total de la población, los cuales se llaman a si mismo naciones y son consideradas como tal por el gobierno federal. También son notables las comunidades de inmigrantes italianos, griegos y chinos. Toda esta comunidad diversa esta contemplada mediante una política multicultural.

En cuanto a economía, todas las provincias canadienses son altamente dependientes del comercio internacional siendo las más activas Alberta, Ontario y Quebec con altos niveles de paradiplomacia que incluye misiones internacionales de comercio e inversiones, asociación con actores extranjeros, acuerdos con gobiernos nacionales e incluso el tener oficinas representativas en el extranjero. La negociación y firma de tratados internacionales es controlada por la rama ejecutiva del gobierno federal y el parlamento federal es el responsable de la implementación, pero las provincias han adquirido el poder establecer acuerdos internacionales.

Las provincias más activas tienen agencias, departamentos y oficinas para manejar su paradiplomacia: Quebec tienen el Ministerio de Relaciones Internacionales; Ontario tiene una Oficina de Relaciones Internacionales y Protocolo; Columbia Británica tiene una Secretaria de Relaciones Intergubernamentales; Nueva Brunswick el Departamento de Relaciones Intergubernamentales e Internacionales; otras provincias como Manitoba y Saskatchewan tiene oficinas mas pequeñas.

Las metas de cada una de las provincias en términos de relaciones internacionales son muy distintas. Las que son más dependientes del comercio internacional tienen mas incentivos para ser mas activas. En el caso de Ontario, tiene 56 misiones comerciales internacionales en alrededor de 20 países. Quebec tiene la mira en el lenguaje y la cultura con un alto nivel de paradiplomacia, habiendo firmado más de 550 acuerdos internacionales con 79 países, 300 de ellos aún efectivos, y una red de 28 oficinas distribuidas en 17 países. Busca reconocimiento y estatus buscando disasociarse de Canadá.

En el caso de Alberta, su involucramiento en la actividad internacional se da a principios de los años 70, cuando establece su primera oficina de asuntos internacionales en Tokio y su gobernador realiza varios viajes de representación a Japón en 1973, Estados Unidos 1976, URSS y Suecia en 1977. En 1972 ya había establecido un departamento especial para atender los asuntos internacionales. Promovían visitas tales como Margaret Thatcher, o la delegación soviética con Mikhail Gorvachov a su provincia.

De esta manera al día de hoy Alberta mantiene 16 oficinas en diferentes partes del mundo, tiene 10 programas de hermanamiento con gobiernos subnacionales, envía cerca de 400 misiones comerciales al año y recibe 140 en la provincia.

Las causas principales fueron la globalización y el increíble aumento en el mercado global e inversiones extranjeras que conlleva. La prosperidad de Alberta depende en gran medida del gas natural y del petróleo, es el tercer exportador mundial de gas detrás solo de Rusia y Noruega. Alberta posee 13% de las reservas de petróleo mundial, lo que hace que alrededor de 100 compañías energéticas de Alberta estén activas en cerca de 118 países. Sin embargo, bajo la presión de la misma globalización también ha tratado de diversificarse en la economía regional en áreas tales como telecomunicación, biotecnología, desarrollo de software. También tiene acuerdos en educación y cultura.

En los 70 se llevaban a cabo diversas negociaciones en el ámbito energético por parte del gobierno Federal, ante lo cual Alberta no podía quedar indiferente, por lo que durante una conferencia del GATT en Tokio, Alberta promocionó directamente los intereses de la provincia enviando sus representantes a Japón y presionando por diálogos respecto al petróleo y gas promoviendo a la vez la inclusión de Canadá en los mercados extranjeros, compensando así lo que Alberta consideraba una ineficiente defensa de sus intereses. A partir de ahí, la provincia promovió delegaciones regionales a diversos foros y abriendo oficinas en lugares estratégicos a sus intereses.

Es importante hacer notar un elemento muy importante que permitió el inicio de la paradiplomacia por parte de Alberta. En 1971 se da el cambio de gobierno y pasan de estar bajo el gobierno del partido Crédito Social, para estar bajo el gobierno del Partido Progresivo Conservador, Peter Lougheed, quién promovió activamente el involucramiento a nivel internacional. En la actualidad siguen con el mismo partido, y desarrollando la visión y el legado de Peter Lougheed en las relaciones internacionales.

En términos de legislación, la división de poderes entre el centro y las provincias estaba determinado por el Acta de Constitución de 1867, pero en realidad ha ido adaptándose a las necesidades del momento. Si bien no hay nada que autorice a Alberta a actuar internacionalmente, tampoco hay nada que se lo prohíba. Quebec fue la primera que dio el paso al desafiar las limitaciones impuestas por el gobierno federal y Alberta fue la segunda, pero a diferencia de Quebec, siempre manifestó que sus actividades solo eran un complemento a la política federal y actuando en armonía con ésta. La posición se sigue manteniendo en la actualidad. Su deseo no es de confrontación, solo buscan proteger sus intereses regionales y tener la capacidad de influir en las políticas energéticas.

Dentro de los retos actuales que enfrenta está el que su principal socio comercial en cuanto a petróleo es Estados Unidos, quién paga su petróleo más bajo que lo que paga a otras fuentes, lo que ha provocado que Alberta busque la diversificación de mercados volteando su mirada al sector agrícola y forestal, lo cual puede limpiar la imagen poco ecológica que actualmente tienen debido a la explotación petrolera y construcción de ductos, y a su rechazo a firmar el tratado de Kyoto, ya que todavía su principal actividad es el petróleo. Después de décadas de promoción en este sector deberá preparar a sus habitantes para esta necesaria diversificación, y prepararse para buscar nuevos acuerdos para un mercado que estaba enfocado principalmente en el sector energético.

Para la formulación de toda política, ya sea interna o exterior, es necesario tener múltiples factores a considerar. Algunos de los más relevantes son el interés nacional, los objetivos de la política a implementar, el contexto interno y externo, las capacidades de acción del gobierno para conseguir sus objetivos y finalmente las acciones que se llevarán a cabo con el fin de alcanzar la meta previamente planteada como objetivo de la política.

Con base en este orden de ideas, el presente texto pretende hacer un breve, pero acertado análisis de los objetivos y las acciones realizadas en materia de política exterior, específicamente en la promoción cultural de México durante el gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018). Para conseguir tal objetivo y como se mencionó en el párrafo anterior es menester el ver todos los elementos, pero ya aterrizados en lo que fueron el plan nacional de desarrollo y los informes de gobierno que anualmente se presentaron en el sexenio.

El interés central de un Estado es el de la auto conservación y autoayuda en una perspectiva realista. Por el tipo de temas a analizar se dará una aproximación en la teoría neoliberalista, que engloba las posibilidades de cooperación y ayuda mutua. Con esto en mente, el interés nacional de México en dicho sexenio era el de una mejora económica, de imagen y prestigio internacional. El objetivo básico del gobierno era “Promover el valor de México en el mundo mediante la difusión económica, turística y cultural” (marcado en el PND 2012-2018).

Por otra parte, el contexto tanto a nivel nacional como internacional no era el más favorable, recordando que, durante el sexenio previo de Felipe Calderón, se inició una “guerra contra las drogas”, desencadenando una ola de violencia, situación que perjudicaba la imagen y la capacidad de acción del Estado, al interior y al exterior, por ello es que era trascendental el poder hacer uso de una política exterior “amable” o suave usando conceptos de Joseph Nye en el soft power.

Las posibilidades de acción de un gobierno en una situación de conflicto interno contra delincuencia organizada se ven mermadas, pero a pesar de ello México cuenta con una gran historia, tradición y cultura para explotar, es por ello que sus niveles de acción no eran menores. Las acciones a desarrollar durante el sexenio, se centraron en un fortalecimiento de las representaciones en el exterior en materia cultural, sin dejar de lado sus principales obligaciones político-consulares.

Las acciones de difusión cultural, como una herramienta de poder blando para mejorar la imagen, prestigio e influencia de México en el mundo tuvieron dos escalas: la macro en la cual se pueden contemplar los años de México-Alemania, Las exposiciones de arte llevadas a grandes museos como el Louvre, Smithsonian, museo de Lima, Nagoya, etc. En contrapunto las pequeñas acciones se llevaban a cabo en las embajadas, como los eventos de promoción cultural gastronómicas y las ya tradicionales festividades mexicanas en fechas emblemáticas como son el 15 de septiembre, 20 de noviembre e inclusive el 5 de mayo (todo esto reflejado en los informes anuales de la SRE).

Se puede inferir que, de los datos proporcionados por los informes de gobierno y de la Secretaria de Relaciones Exteriores, las acciones de política exterior en materia cultural fueron exitosas. Este argumento toma como base dos principales razones: la primera es que se mejoró la relación México-Francia con la exposición de Kahlo y Rivera en el gran palais de París ya que en años anteriores se había cancelado el año de México en Francia y viceversa por un altercado internacional con el caso Florence Cassez. De tal manera, gracias a las buenas gestiones políticas y el poder suave, las relaciones se normalizaron.

El segundo motivo para decir que las acciones de política exterior tuvieron un éxito son los datos de turismo e IED durante el sexenio de EPN. Por parte del turismo se registró un alza de 23.4 millones de turistas internacionales a 41.4 millones para el final del mandato reportado por la Secretaria de Turismo y en términos de IED hubo un incremento de 4,316 a 11,323 nuevas inversiones durante el mandato de EPN. Estos datos son prueba de que la confianza e interés en México se mantenían aun existiendo los conflictos internos, una parte de esto se debe al éxito en la diplomacia cultural realizada en dichos años.

La política exterior de México no puede tener su razón de ser en ocurrencias presidenciales, ni quedar rezagada a simpatías idealistas, sino que, su formulación debe desarrollarse tomando en cuenta modelos de interrelación más complejos, manteniéndose congruente ante la posición geopolítica del país y conservando su relevancia en el entorno internacional.

No obstante, la falta de interés hacia el exterior por parte de los últimos gobiernos mexicanos, bajo la premisa de que “la mejor política exterior es la interna”, ha dejado al descubierto grandes huecos en las oportunidades que brinda la participación en foros multilaterales y de liderazgo internacional, haciendo notar la apatía mexicana hacia el exterior que llega a traducirse en falta de interés por parte de otros países para estrechar sus relaciones con México.

Este breve ensayo pretende analizar cómo un activismo estratégico puede rendir frutos en la formulación de una política exterior holística mediante la cual tanto la imagen positiva de México en el exterior, como la proactividad y el dinamismo diplomático promuevan factores de cambio en el avance del interés nacional.

En sexenios anteriores, la política exterior mexicana ha pasado a segundo plano en la agenda federal a tal grado que el presupuesto para la Secretaría de Relaciones Exteriores ha disminuido significativamente del .36% al .31% del presupuesto federal en los últimos 20 años según datos de la misma dependencia. Si tan solo se incrementara en un 50% el presupuesto de la SRE, eso implicaría mejoras significativas en la Secretaría, una expansión en el cuerpo diplomático y por ende, un mayor campo de acción en las relaciones internacionales. Este ajuste tendría un gran impacto positivo sin afectar las finanzas del país, ya que con tal incremento la SRE únicamente representaría alrededor del .50% del presupuesto federal, de acuerdo con estimaciones del Dr. Jorge Schiavon.

Los porcentajes anteriores son sólo una pequeña muestra de la falta de interés por parte de los gobiernos mexicanos hacia el exterior. Es claro que los intereses geopolíticos de México se han limitado al entorno inmediato y nos encontramos predispuestos a únicamente reaccionar a lo que puede llegar a afectarnos en gran medida. Esto nos obliga a repensar la política exterior desde una perspectiva integral, que atienda distintos niveles del contexto interno y externo y que nos lleven a explorar nuevos terrenos de la diplomacia con una bandera de líderes, estableciendo estándares y ejemplos a seguir para otras naciones y ser así un referente en América Latina.

En gran parte, nos hemos limitado a focalizar la política exterior a un nivel consular, el cual es sumamente importante para nuestros paisanos en el extranjero y posee la esencia fundamental de una representación diplomática: velar por los intereses de nuestros connacionales. Sin embargo, se debe aprovechar la rica red de 156 representaciones diplomáticas que según la Secretaría de Relaciones Exteriores tenemos en el mundo, para así fortalecer la imagen del país siguiendo la promesa del actual presidente Andrés Manuel López Obrador: “hacer de México una gran potencia”.

Si bien podría sonar utópico decretar que México se convertirá en una potencia capaz de influir en todo el mundo, la nación mexicana ya es líder en diversos aspectos de la vida internacional tales como la no proliferación de armas nucleares, no intervención en asuntos internos de otros países, cultura, turismo, etcétera. Es necesario desarrollar entonces estrategias que permitan proyectar dichos aspectos positivos del país hacia el exterior en un contexto multilateral. Tal efecto se podría lograr si fortalecemos la diplomacia cultural y pública a través de nuestras numerosas representaciones en el mundo, robusteciendo el Servicio Exterior y aprovechando el talento de individuos muy capaces de implementar programas de difusión e intercambio que puedan hacer notar el poder suave de nuestro país y con la finalidad de atraer inversiones, turismo, intercambio comercial, programas culturales, avances tecnológicos, etc.

De tal modo que apoyamos la idea de que la política exterior debe ser efectiva, más no reactiva. Tal y como resalta Humberto Garza: “se puede tener una política exterior tan activa como se quiera, y no conseguir lo que se busca”. En ese sentido, proponemos que desde una perspectiva holística, los elementos que pueden derivar en una política exterior efectiva provienen desde lo más profundo del contexto interno, es decir: nuestra sociedad, nuestra cultura, nuestra política interna, nuestro gobierno, y se extienden hasta lo más lejano del contexto externo: los conflictos, los bloques económicos, los poderes duros de las potencias. En otras palabras, no se puede ver el horizonte si sólo fijamos la mirada en la casa de enfrente, por lo que proponemos una política exterior que, adoptando una perspectiva holística, vaya más allá de la relación bilateral México-Estados Unidos.

Dicha propuesta requiere entonces atender tanto los asuntos internos como externos de una forma integral para así mejorar la imagen y las relaciones de México en el mundo. Mediante un aumento considerable en la inversión para acciones de diplomacia pública y cultural en diversas regiones del mundo, así como la participación en foros multilaterales y de liderazgo regional, como lo visto en el Consejo de Seguridad de la ONU, se manifestarán los aspectos positivos del país que han quedado opacados por campañas mediáticas y comentarios negativos de actores internacionales preponderantes como los realizados por expresidente Donald Trump.

Si bien es cierto que las problemáticas internas que han aquejado al país están principalmente relacionadas con el crimen organizado, la corrupción y la impunidad, si permitimos que los medios de comunicación proyecten sólo esos aspectos negativos, no sólo acrecentará la retórica antimexicana propiciada por Trump, sino que nosotros mismos creeremos que es lo único que nos caracteriza. De tal modo que, en nuestra propuesta de política exterior se deberán hacer grandes esfuerzos diplomáticos para atraer programas de cooperación internacional para combatir dichas problemáticas. Tomando en consideración que si diversos países trabajan de manera conjunta con las autoridades mexicanas y en sincronía con otros programas ya vigentes en México, se pueden obtener resultados tangibles que a su vez, podrán ser proyectados hacia el mundo como avances positivos mediante un esquema fortalecido de diplomacia pública, la cual resaltará los logros oportunamente en los medios de comunicación extranjeros.

Otro aspecto clave que mejorará la percepción de México en el extranjero y como consecuencia permitirá posicionarnos de manera ventajosa para atraer nuevas oportunidades, es sin duda el desarrollo tecnológico del país. Desafortunadamente. el principal acuerdo comercial del que somos parte, a saber: el T-MEC, nos sigue colocando como un país maquilador y exportador de materias primas para beneficio de los vecinos del norte. En dicho acuerdo, han quedado limitadas las oportunidades para que México se desarrolle como país productor de tecnologías, y tampoco se ha contemplado que las tecnologías ya existentes en aquellos países se compartan con el nuestro, por lo que México queda en evidente desventaja colocándose como país ensamblador de partes extranjeras. Nos hemos enfocado en hacer que se reconozca nuestra soberanía sobre los hidrocarburos y que se asegure la exportación libre de aranceles, empero, dejando de lado la promesa de “hacer de México una potencia”.

Es por ello que nuestra propuesta de política exterior holística buscará satisfacer las necesidades de desarrollo de nuestro país mediante acuerdos de intercambio con potencias asiáticas, europeas y sudamericanas para colocar a México como un país altamente desarrollado en tecnología. Si bien entendemos que será prácticamente imposible competir en un corto plazo con países como China o Rusia, es necesario quitar la etiqueta de país ensamblador subdesarrollado que nos resta capacidad de negociación.

En términos generales, la relación entre México y Estados Unidos ha estado caracterizada por una cooperación estrecha, particularmente después de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, ya en la década de 1930, Franklin D. Roosevelt había inaugurado la "Política del Buen Vecino". En este sentido, el Dr. Jorge Schiavon señala que esta política abogaba inicialmente por la no intervención de los Estados Unidos en los asuntos internos de otros países, pretendiendo que esta directriz de política exterior tuviera un alcance global. No obstante, la aplicación de la "Política del Buen Vecino" se restringió y delimitó exclusivamente al continente americano.

En el marco de dicha política, las significativas reformas de carácter revolucionario en México no suscitaron una respuesta de naturaleza radical por parte de su vecino del norte. En su lugar, la posición de EE. UU. fue más bien diplomática. Además, la Segunda Guerra Mundial propició una serie de acuerdos que robustecieron la capacidad de negociación del Estado mexicano frente a los Estados Unidos, ampliando su margen de maniobra para incrementar su autonomía relativa en el sistema internacional.

En sintesís, y suscribiendo la tesis del Dr. Schiavon, la cooperación con los Estados Unidos se produce en el marco de lo que él denomina "cortina de humo". Esto implica que los Estados Unidos toleran las formas autoritarias de los gobiernos mexicanos siempre y cuando México asegure la seguridad de la frontera compartida. Este concepto destaca que la cooperación bilateral se desarrolla bajo ciertas condiciones predeterminadas que, a la vez, reflejan la compleja interacción entre las dos naciones.

La tesis central de este análisis sostiene que las condiciones políticas internas de cada país pueden disolver la tradicional "cortina de humo", dando lugar a la política exterior de tit for tat que hemos presenciado recientemente. Este cambio ha sido evidente en las declaraciones del presidente AMLO, quien ha llamado a la comunidad mexicana en el exterior a no votar por el Partido Republicano. Esta posición ha provocado respuestas de los congresistas estadounidenses, quienes han incrementado la retórica antiinmigrante y han trasladado completamente la responsabilidad de la seguridad en la frontera sur al Estado mexicano. De no cumplirse estos requerimientos, amenazan con tomar medidas agresivas e intervenir por medio de las fuerzas armadas estadounidenses para combatir el tráfico de fentanilo.

Es notable el llamado de AMLO a la comunidad de mexicanos residentes en el extranjero a abstenerse de votar por el Partido Republicano.

Estas circunstancias se enmarcan en un contexto global donde los gobiernos populistas están ejerciendo presiones cada vez más invasivas sobre las instituciones democráticas y liberales. El triunfo electoral de figuras como Trump o el propio Andrés Manuel López Obrador son resultado de decisiones populares respaldadas por mayorías abrumadoras, mismas que han expresado un descontento generalizado con el llamado establishment y las élites políticas tradicionales. Este masivo respaldo popular ha debilitado las capacidades institucionales e instituido nuevos modelos y esquemas de hacer política. Estos nuevos paradigmas están encarnados por un líder o un outsider que promete el regreso a una época dorada y olvidada de grandeza, sintetizado en eslogans como "Make America Great Again" de Trump, o "la Cuarta Transformación" de AMLO. En conjunto, estos cambios en la política interna y externa están reconfigurando la relación entre México y los Estados Unidos.

En este contexto global de auge populista, un rasgo común emerge en los estilos de hacer política de estos líderes: la tendencia a socavar la credibilidad de las instituciones y de la autoridad científica o técnica, así como a descalificar a los opositores. Las narrativas juegan un papel central en este proceso y la administración política se transforma en una batalla continua por ganar y mantener adeptos, mientras se intenta desacreditar y silenciar a las voces críticas.

Esta dinámica introduce un factor crítico en la ecuación: la política de las emociones. Apelando a decisiones populares, pero a menudo imprudentes, estos líderes pueden capitalizar el descontento general y catalizar el cambio. Sin embargo, las consecuencias de estas decisiones en el largo plazo son aún imprevisibles, especialmente en lo que respecta a las relaciones interestatales.

En esta línea de análisis, es notable el llamado de AMLO a la comunidad de mexicanos residentes en el extranjero a abstenerse de votar por el Partido Republicano. Este hecho cobra relevancia especialmente en el marco de las elecciones de 2024 en ambos países, donde se vislumbra la posibilidad de un resurgimiento de las tensiones con el gobierno de Trump, o incluso con Ron DeSantis, otro aspirante a la presidencia. Ambos candidatos republicanos se caracterizan por promover una retórica antiinmigrante y un estilo de confrontación marcado.

La cuestión clave con respecto a la iniciativa de la cancillería mexicana de activar la red consular para informar a la comunidad mexicana y "defender a México" gira en torno al uso de la política exterior mexicana como instrumento para influir en el voto de la diáspora mexicana y ejercer presión a través de la diplomacia pública. De tal manera, resulta pertinente determinar la influencia del voto mexicano en las elecciones estadounidenses, considerando su sistema electoral basado en la asignación de electores por estado. Según Jorge Santibañez del "Mexa Institute", el voto mexicano es relevante en Texas y Arizona, donde los votantes mexicanos representan alrededor del 30% y constituyen el 90% del voto hispano.

No obstante, las comunidades mexicanas en el exterior no son homogéneas. Tomemos Texas como ejemplo. A pesar de tener un origen étnico común, no todas las personas se identifican como "latinas" o "mexico-americanas". El condado de Zapata, con un 94% de población de origen latino es un caso clave: el 98% se identifica como de raza "blanca" y en 2016 votaron mayoritariamente por el Partido Republicano, por primera vez en 100 años. Muchos habitantes de origen mexicano o hispano en Texas, con varias generaciones viviendo allí, se identifican como "Tejanos", reafirmando la idea de que no cruzaron la frontera, sino que "la frontera los cruzó a ellos".

Según las estadísticas del Pew Research Center, aunque los candidatos demócratas gozan de una preferencia del 58% entre los mexicanos con derecho a voto en los Estados Unidos, la administración de Biden es vista con desaprobación por un 52% de este grupo. Este nivel de descontento es incluso mayor entre la comunidad hispana en general, donde la desaprobación alcanza el 54%.

Por otro lado, una mayoría de la comunidad hispana (80%) coincide en que la economía es el tema que más influye en su decisión de voto. Asimismo, un estudio realizado por la Americas Society Council of Americas muestra que una porción significativa de los votantes latinos considera a los republicanos más capaces de gestionar asuntos económicos relevantes, como la inflación y el empleo. Esto refleja la importancia que tiene la estabilidad y prosperidad económica para los hispanos en Estados Unidos, acentuada por los retos adicionales que enfrentan debido a las difíciles condiciones en sus países de origen.

Estas estadísticas ilustran la complejidad del voto latino y propician interrogantes en lugar de plantear una hipótesis definitiva sobre la tendencia del mismo. En lugar de asumir una dirección clara del voto latino, podríamos cuestionarnos si es conveniente o incluso posible influir en el voto de los mexicanos registrados para votar en Estados Unidos. Al considerar varios factores, como su influencia relativa, la conformidad con nuestros principios de política exterior y la dificultad de alcanzar un consenso dada la falta de homogeneidad, debemos reconocer que los intereses de los mexicanos en el extranjero están fuertemente vinculados a la estabilidad y el bienestar de sus hogares en Estados Unidos.

Finalmente, es esencial considerar que las declaraciones de AMLO parecen ser menos una acción de política exterior calculada y más un recurso retórico para mantener la aprobación de sus seguidores. En efecto, estos comentarios provocativos y escandalosos podrían ser utilizados por DeSantis o Trump para revirar a AMLO y reforzar la narrativa del "peligro latino" que ha avivado sentimientos xenófobos en varias regiones de Estados Unidos. Esto tiene una repercusión directa en la comunidad mexicana residente en el extranjero. Por ejemplo, el FBI reportó un aumento del 21% en los crímenes de odio contra hispanos/latinos en 2018, correlacionado con los constantes ataques de Donald Trump.

Teniendo en cuenta los efectos potencialmente dañinos de las acciones y comentarios de AMLO, junto con los de líderes como Trump y DeSantis, vemos cómo estos pueden exacerbar las tensiones y alimentar una hostilidad creciente hacia los latinos en Estados Unidos, como lo demuestra el aumento en los crímenes de odio.

En conclusión, los estilos de liderazgo de figuras políticas como Trump y AMLO están cambiando no sólo la dinámica política interna, sino también las relaciones internacionales. La relación entre México y Estados Unidos, que históricamente ha estado marcada por la política de la "cortina de humo", parece estar evolucionando hacia una postura más de "ojo por ojo" o tit for tat. Esta tendencia subraya una profunda transformación en la dinámica de cooperación bilateral, lo que podría tener repercusiones significativas para el futuro de ambos países y para la comunidad de origen mexicano que reside en Estados Unidos.

La relación entre México y Europa se caracteriza por sus lazos históricos de amistad, lo que ha permitido construir un diálogo político franco, promover intercambios económicos, e impulsar la cooperación en temas de interés común a nivel bilateral, regional y multilateral. Actualmente, México mantiene una asociación estratégica con siete países europeos: Alemania, España, Francia, Italia, Rusia, Reino Unido, Turquía, y la Unión Europea (UE).

Con los datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, sabemos que México tiene una amplia red de representaciones en Europa, dado que cuenta con 26 embajadas, 54 consulados y una Oficina de Enlace en Estrasburgo, mientras que en territorio mexicano hay 30 embajadas de países europeos y una delegación de la Unión Europea. En particular, la relación entre México y la UE destaca por su gran marco de diálogo político, su Acuerdo Global vigente desde el año 2000, su asociación estratégica desde 2009 y los temas de interés mutuo en diversos foros multilaterales.

Respecto a los intercambios económicos, los datos de la Secretaría de Economía afirman que el comercio total entre México y la UE fue de 39,145 millones de dólares a junio de 2022, posicionándose como el tercer socio comercial después de Estados Unidos y China. Mientras que la inversión extranjera directa (IED) acumulada de 1999 a junio de 2022 fue de 186,240 millones de dólares, lo que equivale al 27.9% de la IED total recibida por México, lo que nos permite afirmar que es el segundo inversionista de nuestro país.

La relación bilateral entre México y la UE se debe gracias al Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación, conocido como Acuerdo Global, que fue suscrito en 1997 y se encuentra vigente desde el 2000, el cual además de tratar los temas de libre comercio, también abarca el diálogo político y la cooperación. En este sentido, después de 15 años, México y la UE tomaron la decisión de modernizar el Acuerdo Global, cuyas negociaciones dieron inicio en 2016, con el objetivo de adecuarlo a los retos políticos y económicos del Siglo XXI. De acuerdo con la Delegación de la UE en México, en 2018 se alcanzó un acuerdo, pero fue en abril de 2020 cuando finalizaron las negociaciones.

La Secretaría de Relaciones Exteriores ha afirmado que son múltiples los beneficios del Acuerdo Global, ya que establece un marco jurídico sólido para un diálogo político reforzado, una cooperación para el desarrollo más eficaz, así como un comercio y una inversión reforzados, entre otras razones. La modernización del Acuerdo Global iba por buen camino hasta que se presentó un debate sobre la estructura del mismo, es decir, una posible división del acuerdo. Como sabemos, su importancia se debe a que es único por abarcar tres ámbitos fundamentales de la relación bilateral, es por ello que el gobierno mexicano optó por mantener la estructura que se acordó hace más de 20 años.

De acuerdo con la reciente declaración de la Ministra Jennifer, Directora General de Planeación Político y G20 de la Subsecretaría de Relaciones Exteriores y Encargada de la Dirección General para Europa, en el Conversatorio sobre la Actualidad en las Relaciones entre México y la Unión Europea en el Instituto Matías Romero, el pasado 30 de mayo de 2023, las partes pudieron llegar recientemente a un acuerdo, no obstante, con los diversos cambios en la legislación mexicana se está evaluando el escenario más eficiente para salir adelante.

Lo que sigue es la firma del acuerdo, contar con la aprobación del Parlamento Europeo y finalmente pasarlo a su adopción y ratificación. El camino es largo, pero se deberá acelerar el proceso, pues el 2024 será un año con muchos cambios, ya que habrá elecciones presidenciales en México, y elecciones parlamentarias, del 6 al 9 de junio, para elegir a los 705 eurodiputados y renovar a los titulares de las principales instituciones europeas.

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