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El comercio entre Canadá, Estados Unidos y México se impulsa por el intercambio de bienes tangibles y un creciente número de bienes intangibles. En este marco, se consideró la definición de reglas sobre el comercio electrónico entre los tres socios durante los trabajos de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Por lo que, la presión ejercida por el gobierno estadounidense, principalmente, y la inercia del comercio internacional obligaron a México a posicionar al comercio electrónico como parte de su agenda de política exterior a partir de 2020; lo cual representa un área de oportunidad en materia económica y en el desarrollo de políticas públicas para el país.

Durante los 26 años de vigencia del TLCAN ocurrieron dos hechos clave. Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) estadounidenses y canadienses se beneficiarían ampliamente del mercado regional. Mientras que, el uso de Internet y las telecomunicaciones alcanzarían su máximo desarrollo y transformarían, entre otras cosas, al comercio internacional.

Cifras de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos señalan que en 2018 hubo 89,492 PYMES que exportaron a Canadá y 53,682 PYMES que exportaron a México. Por su parte, el gobierno canadiense informó que en 2019 la mayoría de empresas exportadoras dirigieron sus ventas hacia Estados Unidos y 97% de ellas eran PYMES; mientras que del total de empresas que exportaron a México, 89% fueron PYMES.

Previo a la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el 1 de julio de 2020, las tendencias de participación de las PYMES en el mercado norteamericano mostraron un comportamiento favorable para Estados Unidos y Canadá. Por otro lado, el comercio electrónico y las PYMES ya formaban parte del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica firmado por Canadá, Estados Unidos, México y otros ocho países en 2016. Aunque Estados Unidos se retiró, tras la llegada de Donald Trump a la presidencia, los textos de ambos temas se utilizaron para la redacción de los capítulos 19 y 25 del T-MEC.

La OCDE (2019) define al comercio electrónico o e-commerce como “la venta o compra de bienes o servicios que se realiza a través de redes informáticas con métodos específicamente diseñados para recibir o colocar pedidos”. Con base en esta definición, el capítulo 19 del T-MEC reconoce la importancia de promover el crecimiento económico por medio del comercio digital, la eliminación de obstáculos para su uso y el desarrollo de marcos de protección para los consumidores.

La definición de PYME varía de acuerdo al número de personal, ventas, ingresos y sector de las empresas. A pesar de las diferencias conceptuales de PYME, para Canadá, Estados Unidos y México dichas empresas constituyen la base de sus economías. Es así que, en el capítulo 25 del T-MEC se enfatiza la colaboración entre los Estados miembros para facilitar el acceso de las PYMES a nuevos mercados a través del comercio electrónico, mediante la reducción de la burocracia. En este marco, se acordó celebrar comités anuales sobre PYMES para favorecer el acercamiento entre los gobiernos y otros actores de interés.

Actualmente, existen alrededor de 30 millones de PYMES en Estados Unidos que emplean a 60 millones de personas. En Canadá, las PYMES constituyen la mayoría de las empresas en el país y dan empleo a poco más de 10 millones de canadienses. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las PYMES representan 97% de las empresas en México y en 2019 había 4.9 millones de establecimientos con 27 millones de personas ocupadas. De ese total, sólo 1% logra exportar.

Las medidas de distanciamiento social por COVID-19 potencializaron el crecimiento del comercio electrónico. De acuerdo con Wilson Center, las ventas digitales en México subieron 170% entre marzo y diciembre de 2020; mientras que 50.7 millones de mexicanos gastaron US$28 mil millones. Datos de Statistics Canada indicaron que en 2021 hubo 27 millones de usuarios de comercio electrónico, es decir, 72.5% de la población canadiense y cuyas ventas minoristas alcanzaron un máximo histórico de US$3,820 millones en 2020. Cifras del Departamento de Comercio de Estados Unidos señalaron que las ventas de comercio electrónico en 2021 se duplicaron con respecto a 2019 con un valor de US$870 mil millones.

El auge del comercio electrónico representa una oportunidad para la inserción de las PYMES a las cadenas globales de valor. Es decir, en lugar de producir bienes desde cero, se espera que la empresa sólo se enfoque en llevar a cabo una etapa de todo el proceso productivo. El éxito de las PYMES de Estados Unidos y Canadá, desde antes del boom del comercio electrónico, atendió a la inversión en innovación, protección de la propiedad intelectual, conexión con los consumidores finales y apoyo gubernamental a través de programas como CanExport y The United States Commercial Service. Mientras que, en materia de comercio electrónico han buscado adaptarse a áreas clave como: compras híbridas, ciberseguridad, migración a pagos móviles y marketing digital.

Las PYMES mexicanas no sólo no forman parte de las cadenas de valor a nivel global ni regional, sino que sobreviven en la informalidad. La falta de un marco regulatorio en materia laboral y fiscal, de capacitación, de financiamiento, de un Estado de derecho que proteja a los empresarios de extorsión, entre otros, inciden en el fracaso de las PYMES. Además, las pocas PYMES que logran exportar suelen orientarse a bienes y servicios básicos carentes de innovación, que fácilmente pueden ser reemplazados por otros competidores.

Aunque la celebración del primer comité PYME en octubre de 2021 fue un acierto para favorecer el acercamiento entre los gobiernos y otros actores de interés, México es el socio al que se le debe prestar especial atención. Es fundamental que, en este marco, se le otorgue mayor peso al Programa Nacional de Financiamiento al Microempresario de la Secretaría de Economía con un enfoque orientado al fomento de la innovación y protección de la propiedad intelectual.

 

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Monday, 11 April 2022 22:49

Signos de una política exterior errática

La política exterior, entendida como el conjunto de acciones, decisiones, estrategias y posicionamientos que lleva a cabo un estado más allá de sus fronteras con el objetivo de coadyuvar a la consecución del interés nacional debiera, en sentido estricto, promover y defender las aspiraciones de una nación en su conjunto y no los intereses o caprichos de un grupo o los de la administración en turno. Idealmente, al menos en el caso mexicano, la política exterior debiera ser el instrumento que impulse el desarrollo nacional e impacte favorablemente las condiciones de vida de toda la población.

Ya desde el siglo XIX, en México se reconocía la estrecha y continua relación con Estados Unidos de América, no sólo por la proximidad geográfica sino por la intensidad de los temas en la agenda bilateral. Durante el siglo XX, esta relación se fue profundizando, haciéndose más compleja e interdependiente. Para México, la relación con el vecino del norte es prioritaria. Estados Unidos es el socio comercial número uno, además de asuntos de seguridad, migración, narcotráfico, tráfico de armas, tránsito de personas, paradiplomacia transfronteriza, inversión extranjera, cooperación tecnológica, agenda energética y decenas de temas más que se suman a las dinámicas bilaterales. El gobierno de la llamada Cuarta Transformación no puede seguir ignorando esta realidad y menos aún ponerla en riesgo, tal y como lo ha hecho en lo que va de la presente administración.

Muchas son las acciones que dan claros signos de una política exterior errática tanto espacios bilaterales y multilaterales. Baste recordar que en la reunión de los llamados “tres amigos” en noviembre pasado, el tema de China fue parte de las discusiones de los representantes del T-MEC, siendo la posición de México en voz de Andrés Manuel López, preocupante, al señalar a China como “una amenaza toda vez que su crecimiento económico y el control que tiene del mercado mundial es una desproporción inaceptable y un riesgo para todos, particularmente para América del Norte”. Pareciera que el presidente desconoce que el gigante asiático es nuestro segundo socio comercial.

Frente a Europa, otro socio estratégico, también se han cometido desaciertos como el comunicado emitido desde la oficina de la presidencia en la que se les llama “borregos” a los parlamentarios europeos a raíz de las observaciones que hicieran respecto a la inseguridad en México particularmente en torno a los periodistas. Nuevamente el ejecutivo, sin pasar por la Cancillería, incurre en faltas a las prácticas diplomáticas por lo ofensivo del comunicado, que se suma a los continuos reclamos a España y al Vaticano al demandarles disculpas para el pueblo mexicano por lo que llama “agravios históricos” cometidos durante la conquista.

El posicionamiento de México frente a la guerra de Rusia y Ucrania vuelve a evidenciar la falta de rumbo de la política exterior. Bajo una extraña interpretación del principio de no intervención, López Obrador se ha negado a implementar sanciones contra Rusia, al tiempo que las juventudes morenistas del Estado de México difundieron un comunicado en el que apoyaban la invasión a Ucrania, a lo que se suma la instalación del Grupo de Amistad México-Rusia en el Congreso de la Unión por iniciativa de diputados mayoritariamente morenistas. Un respiro frente a esta serie de desatinos lo ofrece el representante de México en las Naciones Unidas, el embajador Juan Ramón de la Fuente, quien lleva a cabo enconados esfuerzos en el Consejo de Seguridad para mantener una posición congruente con lo que ha sido la tradición de política exterior mexicana. No obstante, esto no logra mitigar lo ya referido, ni el “aparente” silencio del Canciller, quien parece estar más preocupado por su carrera para el 2024.

Frente a Estados Unidos, la lista de desaciertos crece sistemáticamente, así como el abordaje disímbolo de temas como la transición a energía limpias, las agendas verdes, la reforma energética, la cuestión migratoria, además de la lucha contra las bandas del crimen organizado. Los desacuerdos aumentan y declaraciones como la de Ken Salazar, embajador de México en Estados Unidos, al afirmar que “México no puede estar cercano a Rusia”, evidencian la tensión entre ambos países.

Urge reencausar la agenda de política exterior en todos los ámbitos y reconocer que nuestra prioridad es mantener en los mejores niveles de entendimiento y cooperación los vínculos con Estados Unidos, lo cual no significa doblegarnos a sus intereses, sino reconocer la realidad que los imperativos geopolíticos demandan.

 

 

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La llamada telefónica sostenida por los presidentes Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Joseph Biden del 22 de enero de 2021, la reunión virtual entre ambos mandatarios del 1 de marzo de 2021, así como la participación de López Obrador en la cumbre virtual sobre cambio climático del 22 y 23 de abril de 2021 convocada por el presidente Biden son muy indicativas del momento en el que se encuentra la relación bilateral México-Estados Unidos: fueron intercambios necesarios para ambos mandatarios que, aunque cordiales, fueron muy generales y relativamente fríos. ¿Qué conclusiones se pueden derivar de estos tres encuentros?

Para entender el tenor de estos intercambios, en primera instancia es necesario recordar las máximas prioridades de la administración Biden: primero y antes que nada, busca atender las tres profundas crisis nacionales que está enfrentando Estados Unidos: salud (Covid-19), económica (por la recesión generada por el Covid-19) y social (con niveles no vistos en décadas de fragmentación y polarización social y política); segundo, buscar solución a cuatro crisis internacionales: migración (fundamentalmente los flujos migratorios irregulares desde Centroamérica y México), de gobernanza global (por la crisis en las instituciones multilaterales), de cambio climático y la competencia por el liderazgo mundial (frente a China).

Aun ante las reiteradas acciones de AMLO hacia Biden y los demócratas del último año (visita a Trump en tiempos electorales en julio de 2020; retraso en la felicitación ante el triunfo electoral de Biden; ofrecimiento de asilo a Assange; carta de felicitación fría y más bien dirigida a la audiencia mexicana; caso Cienfuegos —sin proceso judicial en México, publicación del expediente confidencial y crítica a sistema judicial de Estados Unidos en la integración del mismo—; Ley de Seguridad Nacional obligando a agentes extranjeros, principalmente estadounidenses, a informar a la SRE sobre sus actividades y hallazgos; falta de condena a la toma del Capitolio pero crítica a las redes sociales por coartar la libertad de expresión del Presidente Trump, entre otros), la administración Biden aceptó tener la segunda llamada telefónica del presidente con un Jefe de Estado extranjero (tras Canadá) el 22 de enero de 2021 y la segunda reunión virtual (nuevamente, después de Canadá) el 1 de marzo de 2021, con México. Además, AMLO fue incluido entre los 40 líderes participantes en la cumbre virtual sobre cambio climático del 22 y 23 de abril de 2021. Esto es reflejo de dos puntos fundamentales: primero, Biden es un político profesional y, segundo, que entiende que su relación con México (y Canadá) es interméstica.

Con respecto al primer punto, el profesionalismo de Biden como político significa que conducirá las relaciones de Estados Unidos con el mundo (y particularmente con México) a través de las instituciones del Estado y sus burocracias especializadas. Esto es fundamental para México (y el mundo), ya que generará certidumbre y predictibilidad en las acciones externas de Estados Unidos. En lo referente al segundo punto, el que la relación sea interméstica significa que Biden entiende que lo sucede en las políticas internas de México y Estados Unidos impacta a la relación bilateral. Esto implica que la relación bilateral es de alta complejidad, ya que incluye todos los temas de agenda nacional de ambos países y una multiplicidad de actores de los sectores público (de los tres poderes de la unión a nacional, pero también gobiernos estatales y locales), privado (empresas transnacionales y medios), social (organizaciones sociales, sindicales y academia).

La suma de estos dos puntos demuestra que Biden está consciente de que requiere de la cooperación de México (y Canadá, además de otros socios estratégicos europeos y asiáticos), para la solución de sus máximas prioridades domésticas (particularmente las crisis de salud y económica) e internacionales (especialmente el tema migratorio, gobernanza multilateral, cambio climático y la competencia de China). Por ello, aun ante las acciones poco amistosas de AMLO, la administración Biden decidió llevar a cabo la llamada telefónica y la reunión virtual con México, sólo después de Canadá, además de invitar a México a la cumbre virtual sobre cambio climático.

Los comunicados conjuntos derivados de la llamada telefónica y la reunión virtual, así como el video de la segunda, son igualmente indicativos de los temas prioritarios en la relación México-Estados Unidos con la llegada de la administración Biden: aquéllos que requieren de la cooperación con México para atender las prioridades de política interna (crisis de salud y económica) y externa (migración, cambio climático y China) de Estados Unidos. Dado que se trataba de reuniones públicas, cada uno de estos temas fue tratado de manera muy general, pero con claras indicaciones del rumbo de la relación bilateral. Los detalles de su ejecución se definirán por los canales institucionales establecidos, en privado y fuera de los reflectores.

Con respecto a la cumbre de cambio climático, el presidente Biden tuvo la cortesía de invitar al presidente AMLO entre los 40 líderes convocados, mandando una clara señal sobre la importancia que los temas medioambientales tendrán en la agenda interna e internacional de Estados Unidos. Desafortunadamente, el presidente López Obrador no entendió la relevancia del evento, cometiendo tres fallas protocolarias de forma y fondo. Primero, cometió una gran descortesía: sólo escuchó las presentaciones del presidente Biden y la vicepresidenta Harris, incluyéndolas en el marco de su conferencia mañanera del 22 de abril, ausentándose durante las presentaciones de los demás jefes de Estado y gobierno participantes. Segundo, su mensaje no enfatizó los temas centrales de la cumbre: no habló sobre los compromisos de México para la reducción de gases de efecto invernadero y la promoción de energías limpias y renovables, sino que compartió la experiencia de su programa insignia de reforestación “Sembrando Vidas” y la reducción en la producción petrolera mexicana. Finalmente, tercero, sus palabras estuvieron fuera de contexto: incluyó un tema ajeno a la cumbre, la migración irregular de centroamericanos a través de México hacia Estados Unidos, proponiendo a Biden que invierta en la ampliación del programa “Sembrando Vidas” a Centroamérica, ofreciendo visas de trabajo temporales a quienes participen en este programa por tres años y luego residencia o nacionalidad estadounidense tras tres o cuatro años adicionales.

Dado que había conocimiento previo por parte de Estados Unidos sobre estos tres puntos, no es de sorprender que el presidente Biden haya abandonado la sala cuando hablaba el presidente mexicano. En diplomacia, la reciprocidad y el protocolo son la base de toda negociación y cooperación: si el presidente AMLO no tuvo la cortesía de escuchar a sus homólogos y dedicar su mensaje al tema central de la cumbre, no podía esperar un trato especial por parte de su anfitrión. Jorge Castañeda lo llamo “el terrible desaire de Biden a AMLO” en su artículo en Nexos del 22 de abril; yo lo llamo simple y llana reciprocidad diplomática.

En suma, los intercambios entre Biden y AMLO en los primeros 100 días de la presidencia del presidente Biden (llamada telefónica, reunión virtual y cumbre sobre cambio climático) son muy indicativos del estado actual de la relación bilateral: están llenos de retórica de cordialidad (amistad, vecindad, cooperación, compromiso), pero han sido excesivamente generales, sin establecer acciones precisas. Sin embargo, reflejan claramente que las prioridades en la relación bilateral con la llegada de Biden (por la complejidad de esta relación interméstica) serán aquéllas que requieran de la cooperación con México para solución de las máximas prioridades de política interna (crisis de salud, económica y social) e internacional (crisis migratoria, cambio climático, gobernanza multilateral y China) de los Estados Unidos. Todavía es tiempo, aunque cada vez el intervalo de cooperación se esté reduciendo aceleradamente, de que México entienda estas prioridades, buscando los mecanismos de concertación con Estados Unidos que sirvan para atender estas crisis compartidas entre ambos países, para promover el bienestar y desarrollo de México.

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La red consular de nuestro país en Estados Unidos, compuesta por 50 oficinas y una sección consular de la embajada de México en Washington, forma parte de una política exterior de Estado fraguada de forma paulatina desde finales del siglo XX para atender a unas 11 millones de personas nacidas en territorio mexicano1 y que se ha convertido en una herramienta fundamental en estos tiempos de pandemia para los connacionales, a pesar de los recortes de personal y de recursos que ha venido sufriendo en los últimos años.

Los consulados tienen como principales funciones brindar servicios de asistencia y de protección (como asuntos civiles, localización de compatriotas, defensoría legal en materia de derechos civiles, humanos, laborales, traslado de reos y de restos humanos en casos de defunción de connacionales en la Unión Americana), otorgar documentación (pasaportes, matrículas consulares, servicios notariales, registro civil, credencial de elector, visas, etcétera), y en las últimas décadas también se han dedicado a otras labores, entre ellas organizar jornadas de salud en favor de los mexicanos, talleres sobre finanzas, eventos culturales, programas educativos y promover relaciones públicas con actores de la sociedad estadounidense en beneficio de México.

Durante la crisis sanitaria que ha azotado al mundo desde inicios de 2020, la red consular mexicana ha sido fundamental para otorgar información a connacionales por medio de sus páginas en Internet, del correo electrónico y de la habilitación de líneas de emergencia, pero también al apoyar en el traslado de los restos de cientos de mexicanos que perdieron la lucha ante el virus SarsCov-2, causante de la enfermedad Covid-19. Basta recordar que enero de 2021 se habían contabilizado alrededor de 3 mil 500 muertes de mexicanos por la pandemia en Estados Unidos, según datos de la propia Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE).

Durante el primer tercio de 2021, decenas de consulados mexicanos llegaron a acuerdos con autoridades estatales y municipales de Estados Unidos para que se pudieran aplicar vacunas a los mexicanos que radican en el vecino país del norte, sin importar su condición jurídica o su estatus migratorio, lo que beneficiará también a paisanos detenidos en centros de detención migratorios y penitenciarios, a trabajadores considerados esenciales (en sectores como el de la agricultura), personas hospitalizadas, adultos mayores e indígenas.

Las gestiones de los diplomáticos mexicanos han permitido que instalaciones de algunos consulados se hayan convertido en clínicas de vacunación contra Covid-19. Uno de los casos más recientes es el del Consulado General de San Diego, cuyo patio funciona como centro de aplicación del antígeno desde el 24 de marzo pasado, con lo que se sumó a otros espacios similares en los consulados mexicanos de Atlanta, Boise, Denver, Houston, Las Vegas, Los Ángeles, Nueva Orleans, Orlando, Phoenix, Sacramento, Salt Lake City y Saint Paul.

Hasta el 25 de marzo de 2021, de acuerdo con datos de la propia SRE, se habían logrado inmunizar a ocho mil compatriotas en algunas de las sedes consulares mexicanas, mismas que a pesar de la pandemia continúan también con un programa exitoso surgido en 2003, las llamadas Ventanillas de Salud, por medio de las cuales se realizan jornadas sistemáticas de atención para mexicanos vulnerables y sin acceso a servicios médicos en la Unión Americana, con el apoyo de autoridades estatales y municipales, así como de la iniciativa privada y de organizaciones no gubernamentales.

En síntesis, la labor consular es un pilar de la política exterior del Estado mexicano desplegada para atender a su diáspora, cuya valía social y económica se refleja cada día en México debido a los fuertes lazos de los paisanos en Estados Unidos con sus comunidades de origen y al envío de remesas a territorio mexicano, mismas que en 2020 superaron los 40 mil millones de dólares, por arriba de los ingresos de divisas obtenidos por turismo, inversión extranjera directa y ventas de petróleo.

A pesar de lo antes mencionado, la política de austeridad republicana emprendida por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador dificulta las labores de la diplomacia mexicana, en general, y de los consulados, en particular. En 2019 se sufrió un recorte de 300 millones de pesos en el presupuesto de la Cancillería, pese a la promesa del presidente de convertir a los consulados en procuradurías promigrantes. La medida afectó en especial las labores de protección, asistencia y servicios para los mexicanos en el exterior y los gastos en servicios personales en materia consular.

En el Presupuesto de Egresos de 2020, la SRE tuvo una recuperación al recibir $8,723,637,695, por arriba de los $8,532,283,876 que se le asignaron en 2019, sin embargo, de nueva cuenta en el presupuesto de 2021 se redujo lo asignado a la Cancillería, esta vez en un 10 por ciento, para quedar en $8,121,231,865.

La diplomacia es una inversión que retorna en forma de capitales extranjeros, de prestigio internacional y de relaciones internacionales estables, además, es una herramienta esencial para proteger y mantener la vinculación con la diáspora mexicana en el extranjero, por ende, el gobierno federal tendría que garantizar los recursos necesarios para que los consulados cumplan con sus actividades, incluso en un contexto de pandemia.

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Notas

1 Los consulados también atienden a descendientes de mexicanos y a extranjeros. Se estima que la población de origen mexicano en Estados Unidos es de 36 millones de personas, de las cuales 11 millones nacieron en México.

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1) Diagnóstico

Luego de las elecciones presidenciales en EE.UU. de 2016 y la llegada de Donald Trump al poder, tuvo lugar un discurso xenófobo y anti-inmigrante, dirigido hacia la Comunidad Mexicana en ese país, así como a los inmigrantes provenientes del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador). Asimismo, se incrementaron el número de caravanas migrantes provenientes de los países mencionados hacia EE.UU., por lo que México desempeñó un rol, tanto de país de origen como de un país de tránsito de migrantes.

A partir de la llegada al poder en EE.UU. de Joseph Biden (20/1/2021), se presentó una moderación en el discurso norteamericano, sin embargo, el trasfondo de mantener cerrada la frontera no cambió. En su discurso, la encargada de la Frontera Sur de EE.UU., Roberta Jacobson, enfatizó que la frontera permanecía cerrada y realizó una invitación para que los inmigrantes se desplazaran a territorio estadounidense.1 Por lo tanto, México se encuentra en una posición de Estado Tapón (buffer state) ante el actual fenómeno migratorio, en el cual, los países vecinos mantienen sus posiciones históricas, más allá de giros coyunturales en materia de discurso.

2) Proceso de toma de decisiones

El gobierno de México propuso la aplicación del Programa “Sembrando Vida” en el Triángulo Norte de Centroamérica, y luego de un período de 3 años, solicitar una Visa de Trabajo en EE.UU., como estrategia para reducir los flujos migratorios hacia ese país.2 Asimismo, también se ha aceptado la posibilidad de apoyar en la constitución de un fondo que garantice la liquidez de los países mencionados, inviertan en programas sociales y de desarrollo, para que en el mediano plazo reduzcan los flujos migratorios hacia México y los Estados Unidos.

Durante el año 2020, EE.UU. intentó establecer en México el mecanismo “Tercer País Seguro”, según el cual, México ofrecería asilo temporal a los inmigrantes de Centroamérica y otros países, en lo que se determinaba su situación legal en EE.UU. Posteriormente, los inmigrantes podrían ser recibidos con una visa o permiso de residencia (green card) en ese país.

En suma, es importante mencionar que en mayo del año en curso tendrá lugar la visita a México del Presidente de Guatemala, Gerardo Giammatei, y la llamada telefónica con el Presidente Cubano; Miguel Díaz Canel (3.5.2021).3 También se celebrará la Cumbre [virtual] entre el Presidente Mexicano y la Vicepresidenta de los EE.UU., Kamala Harris (7.5.2021), en donde se aprecia que México está realizando una Diplomacia Activa con relación a sus países vecinos.

3) Recomendaciones de Política Pública

Por su parte, la migración del Triángulo Norte de Centroamérica hacia los EE.UU. es un problema interméstico (combina dimensiones de política nacional con política internacional), por lo que la solución al problema de las caravanas y al estatus de los inmigrantes en EE.UU. requiere de un enfoque multidimensional. Se recomienda que México desarrolle una estrategia similar al Mecanismo de Tuxtla (Años 90’s) o al Plan Puebla Panamá (Años 2000’s). Por otra parte, es igual de importante plantear soluciones multilaterales en lugar de bilaterales.

Por otra parte, no se puede olvidar la colaboración con los actores locales, tanto en la frontera norte como en la frontera sur del país. Ejemplo de ello son: los gobiernos municipales, estatales o las Organizaciones No-Gubernamentales enfocadas en el apoyo al migrante.

Finalmente, México demanda una política pública que diseñe un marco estratégico por medio de prioridades y acciones a través de un orden coherente, mismos que cobrarían mayor relevancia si logran establecer metas alcanzables en el corto y en el largo plazo que beneficien a la población de Guatemala, Honduras y El Salvador.

De igual manera, EE.UU. requiere de evidencia medible y cuantificable sobre una política pública que se traduzca en una mejor regulación y aplicación ordenada de una política migratoria integral, que además de beneficiar a su país, también garantice el respeto a los Derechos Humanos y las garantías individuales de los migrantes.

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Notas

1 Karla Guerrero (23.03.2021). “Frontera de EU está cerrada: Roberta Jacobson a migrantes; “no vengan”, advierte”, en Milenio Diario (en línea): https://www.milenio.com/politica/roberta-jacobson-migrantes-frontera-eu-cerrada-vengan (Fecha de consulta: 29.04.2021)

2 Redacción (24.04.2021). “EU analizará extensión de ‘Sembrando Vida’ en Centroamérica en cumbre AMLO-Harris”, en El Financiero (en línea): https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2021/04/24/eu-analizara-extension-de-sembrando-vida-en-centroamerica-en-cumbre-amlo-harris/ (Fecha de consulta: 29.04.2021)

3 Reuters (27.05.2021). “Visita de Alejandro Giammattei a México y llamada con Miguel Díaz-Canel, destaca AMLO en la mañanera”, en El Economista (en línea) https://www.eleconomista.com.mx/politica/Visita-de-Alejandro-Giammattei-a-Mexico-y-llamada-con-Miguel-Diaz-Canel-destaca-AMLO-en-la-mananera--20210427-0047.html (Fecha de consulta: 29.04.2021)

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Monday, 12 April 2021 00:00

Diversificación e Independencia

Desde el surgimiento del Estado Mexicano, por cuestiones de cercanía geográfica e inmediatez, se buscó tener relaciones políticas y económicas con los Estados Unidos e incluso se creyó que sería un amigo y aliado natural. La historia probaría la gran equivocación en la que los padres de la patria primero y, después, los jefes de Estado se encontrarían. Lo cierto es que la vecindad significa tener intereses que a veces son semejantes y, la mayor parte de las ocasiones, antagónicos.

En cualquier caso, el hecho es que en el 2020 el principal socio comercial de nuestro país fue Estados Unidos, seguido por China y en tercer lugar la Unión Europea.1 Si hablamos de la inversión extranjera directa (IED) en el mismo año, el resultado es el mismo con Estados Unidos a la cabeza, después España, Canadá y Alemania.2 Esta relación tan estrecha en términos económicos profundiza nuestra dependencia hacia los estadounidenses y la desigualdad en la compleja relación bilateral.

La vecindad de México con Estados Unidos no se puede cambiar, lo que si podemos hacer es buscar el equilibrio a través de nuestra posición geográfica estratégica y la diversificación. Los indicadores dan señales de que esto es posible, a nivel mundial fuimos el décimo quinto país receptor de IED en 20193, el onceavo exportador a nivel global y las exportaciones mexicanas en América Latina representaron el 43.6% del total de la región.4 Por si esto fuera poco, tenemos once tratados de libre comercio con 46 países, lo que otorga facilidades para que los productos mexicanos accedan a mercados internacionales, que en su totalidad significan el 60% del PIB mundial.5

Si en la época de la colonia, España comerciaba con Asia a través de sus dos principales colonias que fueron la Nueva España y Filipinas, ahora contamos con herramientas que facilitan el intercambio económico con todo el orbe. Además de los datos duros arriba presentados, los avances en tecnología y comunicaciones permiten desplazar los productos y servicios de una manera más rápida y eficiente, la interconectividad ayuda a que en cualquier rincón del planeta se conozca el potencial de México.

Lo que se necesita son políticas públicas que promuevan la exportación y apoyo a productores mexicanos de todo tipo. Cabe señalar que no sólo a empresarios mexicanos de gran calibre o productores agrícolas consolidados que ya exportan, sino a los medianos/pequeños productores y artistas -mal llamados artesanos- de una gama infinita de obras en madera, textiles, cuero, metal y cerámica.

También es necesario que desde la Secretaría de Relaciones Exteriores se promuevan los tratados comerciales ya existentes, que de igual manera que se promociona el turismo, se haga con el potencial que tiene este país.

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Notas

1 SRE, Mexico and the European Union. Disponible en: https://globalmx.sre.gob.mx/index.php/es/relaciones-economicas/comercio-bilateral

2 UNCTAD, World Investment Report 2020. Disponible en: https://unctad.org/system/files/official-document/wir2020_en.pdf

3 Ibídem

4 Proyectos México Oportunidades de Inversión. Disponible en: https://www.proyectosmexico.gob.mx/por-que-invertir-en-mexico/economia-solida/potencia-comercial/

5 Ibídem

 

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