Monday, 11 April 2022 22:49

Signos de una política exterior errática

Written by Luz Araceli González Uresti
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El titular de la SRE Marcelo Ebrard junto al presidente Andrés Manuel López Obrador El titular de la SRE Marcelo Ebrard junto al presidente Andrés Manuel López Obrador Foto: Infobae

La política exterior, entendida como el conjunto de acciones, decisiones, estrategias y posicionamientos que lleva a cabo un estado más allá de sus fronteras con el objetivo de coadyuvar a la consecución del interés nacional debiera, en sentido estricto, promover y defender las aspiraciones de una nación en su conjunto y no los intereses o caprichos de un grupo o los de la administración en turno. Idealmente, al menos en el caso mexicano, la política exterior debiera ser el instrumento que impulse el desarrollo nacional e impacte favorablemente las condiciones de vida de toda la población.

Ya desde el siglo XIX, en México se reconocía la estrecha y continua relación con Estados Unidos de América, no sólo por la proximidad geográfica sino por la intensidad de los temas en la agenda bilateral. Durante el siglo XX, esta relación se fue profundizando, haciéndose más compleja e interdependiente. Para México, la relación con el vecino del norte es prioritaria. Estados Unidos es el socio comercial número uno, además de asuntos de seguridad, migración, narcotráfico, tráfico de armas, tránsito de personas, paradiplomacia transfronteriza, inversión extranjera, cooperación tecnológica, agenda energética y decenas de temas más que se suman a las dinámicas bilaterales. El gobierno de la llamada Cuarta Transformación no puede seguir ignorando esta realidad y menos aún ponerla en riesgo, tal y como lo ha hecho en lo que va de la presente administración.

Muchas son las acciones que dan claros signos de una política exterior errática tanto espacios bilaterales y multilaterales. Baste recordar que en la reunión de los llamados “tres amigos” en noviembre pasado, el tema de China fue parte de las discusiones de los representantes del T-MEC, siendo la posición de México en voz de Andrés Manuel López, preocupante, al señalar a China como “una amenaza toda vez que su crecimiento económico y el control que tiene del mercado mundial es una desproporción inaceptable y un riesgo para todos, particularmente para América del Norte”. Pareciera que el presidente desconoce que el gigante asiático es nuestro segundo socio comercial.

Frente a Europa, otro socio estratégico, también se han cometido desaciertos como el comunicado emitido desde la oficina de la presidencia en la que se les llama “borregos” a los parlamentarios europeos a raíz de las observaciones que hicieran respecto a la inseguridad en México particularmente en torno a los periodistas. Nuevamente el ejecutivo, sin pasar por la Cancillería, incurre en faltas a las prácticas diplomáticas por lo ofensivo del comunicado, que se suma a los continuos reclamos a España y al Vaticano al demandarles disculpas para el pueblo mexicano por lo que llama “agravios históricos” cometidos durante la conquista.

El posicionamiento de México frente a la guerra de Rusia y Ucrania vuelve a evidenciar la falta de rumbo de la política exterior. Bajo una extraña interpretación del principio de no intervención, López Obrador se ha negado a implementar sanciones contra Rusia, al tiempo que las juventudes morenistas del Estado de México difundieron un comunicado en el que apoyaban la invasión a Ucrania, a lo que se suma la instalación del Grupo de Amistad México-Rusia en el Congreso de la Unión por iniciativa de diputados mayoritariamente morenistas. Un respiro frente a esta serie de desatinos lo ofrece el representante de México en las Naciones Unidas, el embajador Juan Ramón de la Fuente, quien lleva a cabo enconados esfuerzos en el Consejo de Seguridad para mantener una posición congruente con lo que ha sido la tradición de política exterior mexicana. No obstante, esto no logra mitigar lo ya referido, ni el “aparente” silencio del Canciller, quien parece estar más preocupado por su carrera para el 2024.

Frente a Estados Unidos, la lista de desaciertos crece sistemáticamente, así como el abordaje disímbolo de temas como la transición a energía limpias, las agendas verdes, la reforma energética, la cuestión migratoria, además de la lucha contra las bandas del crimen organizado. Los desacuerdos aumentan y declaraciones como la de Ken Salazar, embajador de México en Estados Unidos, al afirmar que “México no puede estar cercano a Rusia”, evidencian la tensión entre ambos países.

Urge reencausar la agenda de política exterior en todos los ámbitos y reconocer que nuestra prioridad es mantener en los mejores niveles de entendimiento y cooperación los vínculos con Estados Unidos, lo cual no significa doblegarnos a sus intereses, sino reconocer la realidad que los imperativos geopolíticos demandan.

 

 

Additional Info

  • Autor: Luz Araceli González Uresti
  • Semblanza: La autora es Doctora en Relaciones Internacionales, especialista en Teoría y metodología de las relaciones internacionales, Política exterior y Asuntos Globales. Profesora investigadora de la Escuela de Gobierno y Ciencias Sociales del Tecnológico de Monterrey, Investigadora Nacional SNI del CONACYT. Coordinadora del área teórica del CESPEM.
Read 209 times Last modified on Monday, 09 May 2022 19:59
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