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Hace unos días tuvo lugar en Buenos Aires, Argentina, la VII Cumbre de jefas y jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños mejor conocida como la CELAC y reunió a 33 representantes de los países integrantes. Como es bien sabido, a lo largo de los años en la región de América Latina y el Caribe se han visibilizado diversos proyectos que buscan la integración y esta agrupación obedece a ello. Es prudente recordar que esta iniciativa nace con la voluntad de dos potencias en la región: México y Brasil, así pues, el antecedente a la CELAC fue el Grupo Río que reunía cada año a los mandatarios en las denominadas Cumbres Río a finales de los ochentas y funcionaba como una herramienta de diálogo político y es hasta la cumbre de 2010 que se decide transformar en el organismo que nos ocupa.

Al igual que la mayoría de los mecanismos de integración, en la región se destacan las dinámicas intergubernamentales y para el caso de la CELAC, su máxima jerarquía se ve representada por la presidencia pro-tempore con la intención de democratizar este cargo. Este foro reúne de manera anual a jefas y jefes de Estado y de Gobierno para realizar los respectivos balances de la presidencia pro tempore, dialogar sobre las relaciones entre los países de la región, realizar proyecciones para dicho organismo y entablar diálogos políticos para una mayor integración entre los distintos países integrantes.

En esta cumbre se destacó el trabajo realizado por Argentina y su liderazgo frente a la CELAC así como también se hicieron notar las felicitaciones al presidente brasileño Lula Da Silva por la victoria de las elecciones democráticas y la celebración del regreso de Brasil a este organismo y se afirmó que con el liderazgo de Brasil, la CELAC entrará en una etapa de mayor consolidación y profundizará su presencia internacional. A su vez, se planteó el uso de una moneda en común entre Argentina y Brasil, sin embargo, esta propuesta se analizará para la viabilidad de su implementación.

Por su parte, también se apuntó a la desafortunada situación que atraviesa Perú con las protestas que, según Aristegui noticias, han dejado por lo menos a 63 personas fallecidas. El presidente chileno, Gabriel Boric reprochó el accionar del gobierno de Dina Boluarte frente a la represión de la sociedad civil en relación con las manifestaciones y violación de derechos. Asimismo, se hicieron pronunciamientos dirigidos a eliminar el bloqueo a Cuba, el regreso de Venezuela a la plataforma multilateral y el llamado al respeto de la democracia y al Estado de Derecho en los países.

Ahora bien, ¿cuál es el papel que ha desempeñado México en este mecanismo de integración? La realidad es que el interés por la integración siempre ha estado presente, de hecho, México es parte de otros proyectos tendientes a la integración como la Alianza del Pacífico (AP), Comunidad del Caribe (CARICOM), Asociación Latinoamericana de Integración(ALADI) por mencionar algunos, ya sea como Estado miembro u observador. La República Mexicana ha sido representada en las cumbres de la CELAC principalmente por las o los responsables de la Secretaría de Relaciones Exteriores o en su caso los respectivos mandatarios en turno.

En el lapso de la celebración de las Cumbres de jefes y jefas de Estado de este organismo, Felipe Calderón fue Presidente de México durante 2010 a 2012, posteriormente Enrique Peña Nieto de 2012 a 2018, y en ese mismo año Andrés Manuel López Obrador asumió la presidencia de la República y respectivamente, México de la CELAC en 2020. Durante la presidencia pro-tempore de México se debe apuntar que el mundo entero atravesaba por los impactos de la pandemia del COVID-19. Justamente, este escenario se agravó para la región latinoamericana y caribeña en donde persisten las desigualdades y en la que predomina la informalidad laboral, lo que a su vez incide en que las personas no tengan acceso a seguridad social. En este sentido, con la creación de vacunas para combatir dicho virus, el acceso a las mismas se convirtió en prioridad para todos los países de la región y sus esquemas de vacunación.

Bajo esta tesitura y con prioridades muy puntuales, México durante su presidencia pro-tempore de la CELAC devolvió la atención a los objetivos tendientes a la integración en la región. Fue en septiembre de 2021 que Palacio Nacional fungió como sede para la VI Cumbre de la CELAC y el mandatario de la República Mexicana, en su discurso de bienvenida, resaltó que la CELAC podría convertirse en el principal instrumento para consolidar las relaciones entre los países de América latina y el Caribe y alcanzar el ideal de una integración económica como Estados Unidos y Canadá en un marco de respeto a las soberanías. Además, AMLO apuntó que se debía de buscar algo similar a lo que fue la comunidad económica que dio origen a la actual Unión Europea. Resaltó que podía convertirse en realidad si se pensaba y se abordaba sobre tres cuestiones básicas:

1. La no intervención y la autodeterminación de los pueblos
2. La cooperación para el desarrollo
3. La ayuda mutua para combatir la desigualdad y la discriminación

Desde la trinchera política AMLO destacó que se podían comprometer a respetar las decisiones internas de los pueblos y que ningún gobierno se arrogue la facultad de someter a otro país bajo ningún pretexto con sanciones económicas. Así como también, externó que las controversias sobre democracia y derechos humanos fueran dirimidas a petición de las partes en instancias verdaderamente neutrales creadas por los países de América y que la última palabra la tengan las agencias especializadas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Asimismo, enfatizó en la cooperación con Estados Unidos y Canadá para avanzar en la esfera económica y comercial y celebrar un tratado para fortalecer el mercado interno y puntualizó que solamente se requiere de hacer una planeación conjunta con la participación de organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y solicitar a estas instituciones de un plan con el objetivo de promover la comunidad económica.

Finalmente, en esa intervención, AMLO señaló que la integración productiva con dimensión social debía contar con el componente de la inversión para el bienestar de todos los pueblos de América bajo el criterio de que el progreso sin justicia es retroceso y que se debía avanzar hacia la modernidad, pero forjada desde abajo y para todos. Ahora bien, con relación a la reciente VII Cumbre de la CELAC, fue el Secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard en su representación, pero hizo llegar un mensaje a la CELAC en donde aprovechó para saludar a la Presidenta de Honduras Xiomara Castro, a Lula Da Silva, presidente de Brasil, y a su hermano del alma como se refirió a Alberto Fernández, presidente de Argentina que a su vez presidió dicha cumbre.

"[…] cuando se le preguntó a Ebrard por la ausencia de López Obrador, respondió que él no hacía viajes tan largos […]"

En este mensaje, hizo alusión a la unión que aspiraba Simón Bolívar en la región y nuevamente hizo referencia al caso de la Unión Europea y resaltó la necesidad de respetar la independencia de todos los países y buscar unidad bajo esas condiciones. También felicitó al recién electo presidente de Brasil, posteriormente condenó la situación del Perú y la manera en que se reprimieron las protestas del pueblo en donde apuntó que se opone al autoritarismo y rechaza el encarcelamiento de Pedro Castillo (ex-presidente de Perú). Finalmente envió saludos fraternos a los pueblos hermanos y comunicó que iba a secundar todo lo que Argentina acordara en el marco de esta cumbre.

Ahora bien, cuando se le preguntó a Ebrard por la ausencia de López Obrador, respondió que él no hacía viajes tan largos y que, no obstante, había enviado su mensaje y que se encontraba muy presente en la cumbre, así como también enfatizó en que hacía mucho tiempo que Argentina, Brasil y México estuvieran alineados en la misma visión política y que eso le da una gran potencia a la visión de la CELAC.

En este orden de ideas, se debe traer a colación que precisamente la intención y parte de los objetivos principales de este organismo, es la de consolidarse como un espacio exclusivo de los países de la región latinoamericana y caribeña. A su vez, México se ha pronunciado respecto a la idoneidad de la cooperación e involucramiento de Estados Unidos y Canadá para la celebración de tratados comerciales con los países miembros de la CELAC. Asimismo, al remitirnos a lo comentado por el presidente mexicano de buscar parecerse a la Unión Europea es prudente destacar que la realidad latinoamericana y caribeña es sumamente diferente a la de Europa. El contexto en el que se formó la Comunidad Económica y avanzó respectivamente a la hoy conocida Unión Europea tuvo una realidad distinta a la de la región en América Latina y el Caribe.

La región latinoamericana y caribeña tiene un pasado con diversos enfrentamientos, intervenciones de potencias extranjeras y largos periodos de lucha para materializar sus respectivas independencias y gozar de plena soberanía. Por lo tanto, pensar en un esquema de integración regional desde el modelo europeo es remitirse a la teoría de integración clásica en donde los países ceden soberanía y existen figuras supranacionales en la toma de decisiones para los países involucrados. Bajo esta perspectiva, naturalmente desaparecen las estructuras fundacionales en las que operan la mayoría de los mecanismos de integración en la región de América Latina con dinámicas intergubernamentales y en consecuencia la condicionante de la voluntad política.

Los esquemas intergubernamentales representan una dualidad pues se resalta lo positivo de la flexibilidad en la toma de decisiones, pero a su vez, la atención que le proporcione la administración en turno incidirá en la relevancia que tenga la integración para sus agendas nacionales o planes de desarrollo. Por ejemplo, Brasil no estuvo involucrado en temas sobre integración mientras Jair Bolsonaro (ex presidente) asumió la presidencia pues la integración en la región y la política medio ambiental no fueron consideradas prioridades para su gobierno.

Finalmente, en la cumbre se hizo un llamado a la democratización del organismo y se designó la presidencia pro tempore a San Vicente y las Granadinas. Además, se resaltó la rotación de la presidencia por regiones para que no quede centrado en potencias con mayores capacidades materiales. “La unidad en la diversidad” es la meta que se propuso la CELAC para fortalecer la integración en la región, sin embargo, esta unidad debe consolidarse a través de proyectos en conjunto y habrá que plantearse metas concretas para alcanzar y materializar los objetivos regionales. Resultan favorecedores los puntos de encuentro entre los gobiernos con relación a la ideología política y la consciencia de la relevancia de unidad y cooperación entre los países miembros. Así pues, −no solamente para México− se vislumbra una nueva etapa para que la integración nuevamente se posicione en las agendas nacionales y esto coadyuvará en mantener activa a la CELAC como plataforma de alto valor para el diálogo político entre los países de la región latinoamericana y caribeña.

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En la primera década del siglo XXI, se desarrollaron distintos mecanismos de integración regional latinoamericana y caribeña, en los que, sobre todo los países sudamericanos buscaron ganar espacios de autonomía en la geopolítica regional respecto a la hegemonía estadounidense. Desde entonces, el panorama regional se ha reconfigurado y en la segunda década del siglo XXI la turbulencia política ha paralizado a la mayor parte de los procesos regionales de la década anterior. De ahí que surja la pregunta sobre ¿cómo se posiciona México en la geopolítica de la integración regional del siglo XXI? La hipótesis que guía este texto estriba en el hecho de que la situación geopolítica de México dificulta sus posibilidades de responder oportunamente a los cambios internacionales para articular e instrumentar un posicionamiento internacional más beneficioso de acuerdo con su interés nacional. Ante ello, con el fin de dilucidar esa hipótesis de trabajo, a continuación, se hace un breve esbozo sobre la geopolítica de la integración regional mexicana en la segunda década del siglo XXI.

El regionalismo debe comprenderse como aquella tendencia que integra a las regiones mediante la cooperación entre los gobiernos que dirigen sus procesos económicos, políticos y sociales sin perder su autonomía, pero contrayendo compromisos formales entre ellos, con el fin de alcanzar objetivos colectivos que no podrían conseguirse individualmente por falta de recursos y capacidades (Closa, 2016: 1). Una característica del regionalismo de América Latina y el Caribe es que, históricamente, ha evitado las estructuras de integración más rígidas de soberanía mancomunada, optando, más bien, por la cooperación intergubernamental, para lograr mayor capacidad estatal con la cual negociar en los sistemas hegemónicos mundiales (Petersen y Shulz, 2018: 121). Por eso, Tomassini (1981) decía que no basta estudiar la política exterior de los países, si no se adopta como punto de partida el análisis y el funcionamiento del sistema internacional considerado en su conjunto.

Así, a comienzos de la segunda década del siglo XXI, el gobierno mexicano que mantenía la continuidad con las políticas neoliberales de la década de 1990 tomó el liderazgo para conformar con otros Estados de perfil similar, la Alianza del Pacífico, con el fin de realizar una integración profunda en la floreciente región del Asia Pacífico, revalidando el comercio al servicio de la integración (Prado y Velázquez, 2017). Los países que conformaron esa alianza también mantenían tratados de libre comercio firmados con los Estados Unidos, por lo que dicha iniciativa no tardó en articularse con los proyectos estadounidenses que buscaban contener las proyecciones económicas mundiales de China. De ahí que se haya sospechado sobre la utilidad geopolítica de la Alianza del Pacífico como mecanismo de contención de otras iniciativas de integración de corte más progresistas, contrapuestas a los intereses estadounidenses. Es por ello por lo que, los procesos regionales latinoamericanos y caribeños más recientes deben enmarcarse en los problemas de los Estados Unidos para mantener su hegemonía mundial, a partir de su crisis económica y de credibilidad patente desde la década de 1970, y el paralelo ascenso de China, que, desde entonces, se ha ido convirtiendo en el nuevo centro de la economía mundial (Arrighi, 2007).

El gobierno chino busca la autoridad internacional, al practicar la credibilidad estratégica con sus aliados (Xuetong, 2016). Por eso China, ha ido aumentando su presencia en el mundo y, en particular, ha reforzado sus alianzas estratégicas en la región de América Latina y el Caribe en lo que va del siglo XXI, prefiriendo para ello la interlocución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que por primera vez reúne a los 33 países de la región sin la presencia deliberada de los Estados Unidos, Canadá o alguna otra potencia extra regional. Este acercamiento se ha visto concretado en los Planes de Trabajo del Foro CELAC-China de 2015-2019 y de 2019-2021, con cientos de propuestas específicas de cooperación de largo plazo. Además, en 2018, el gobierno chino hizo la invitación explícita a los países miembros de la CELAC para sumarse a the Belt and Road Initiative, el megaproyecto de inversiones y financiamiento, que busca hacer girar a las regiones del mundo entorno a China, aprovechando su impulso económico y financiero.

En este panorama, a contracorriente del giro a la derecha en muchos países de la región, el gobierno de México viró a la izquierda tras la histórica victoria en las urnas del presidente Andrés Manuel López Obrador en 2018, pero a diferencia de los gobiernos de tendencia progresista de la década anterior, que replantearon sus relaciones exteriores con el fortalecimiento de alianzas regionales y subregionales desde una perspectiva geopolítica, en abierta oposición al Consenso de Washington, el nuevo gobierno mexicano mantiene una perspectiva más pragmática, bajo la idea de que “la mejor política exterior es la interior”, sin despegar su mirada de temas, de particular interés interno, vinculados con el exterior, como la migración y la reformulación del combate antidrogas, particularmente ligados a la histórica relación con los Estados Unidos (SEGOB-México, 2019). Aquí, por ejemplo, llama la atención que el gobierno mexicano haya expresado sus intenciones de revitalizar las relaciones con China, pero sin entrar the Belt and Road Initiative, lo cual refleja las tensiones propias de la geopolítica latinoamericana y caribeña, que ya no puede dejar de considerar la presencia china, sin abandonar sus vínculos históricos con los Estados Unidos.

En este contexto, la presidencia pro-tempore de México en la CELAC en 2020, y luego por motivos de la pandemia continuada en 2021, abrió la oportunidad al gobierno de López Obrador de encausar sus esfuerzos de política exterior para articularse con los países de la región, mejorar su diálogo político y la relación con los socios extra regionales, como China. En este panorama destaca el reciente eje entre México y el nuevo gobierno de tendencia progresista de Argentina, que mira a proyectarse en los espacios regionales como la CELAC, renovando las expectativas y el optimismo de reconstruir la integración latinoamericana y caribeña, entroncando con el proyecto de nuevo orden mundial al que apunta China. En estas condiciones, la política exterior del presidente López Obrador tiene el reto de acercarse más a China, para engancharse a los nuevos motores del crecimiento económico de la región Asia Pacífico, al mismo tiempo que encauce la estrecha relación que mantiene con los Estados Unidos para mejorar la competitividad de la economía mexicana en el mundo, además de aprovechar las redes socioculturales que mantiene con la Unión Europea y con el resto de los países de América Latina y el Caribe. En suma, México debe encausar sus esfuerzos para aprovechar la coyuntura de la geopolítica del siglo XXI.

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Referencias

Arrighi, Giovanni (2018 [2007]). Adam Smith en Pekín, Orígenes y fundamentos del siglo XX. Madrid, Akal.

Closa Carlos (2016). Governance structures and processes in integration organizations, Formalization of institutional credible commitments for governance. En: Closa Carlos, Casini. Lorenzo (coords). Comparative Regional Integration, Governance and Legal Models. United Kindom: Cambridge University Press, 1-153.

Prado, Juan Pablo y Velázquez, Rafael. (2017). La Alianza del Pacífico: comercio y cooperación al servicio de la integración. En Prado, Juan Pablo, Velázquez Rafael y Ochoa, Luis (eds). La Alianza del Pacífico, nuevo mecanismo de cooperación e integración latinoamericano. (págs. 63-86). AMEI-Fundación Konrad Adenauer.

Secretaría de Gobernación de México [SEGOB-México] (2019). Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. Diario Oficial de la Federación, http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5565599&fecha=12/07/2019

Petersen Mark y Schulz, Carsten-Andreas (2018). Setting the Regional Agenda: A Critique of Post-hegemonic Regionalism. Latin American Politics and Society, 60(1),102-127.

Tomassini Luciano (1981). Falencias y falacias, notas sobre la evolución de las relaciones Norte-Sur. En Tomassini Luciano (selección). Las relaciones internacionales de América Latina. México: FCE, 41-62.

Xuetong Yan, (2016). Political Leadership and Power Redistribution. Chinese Journal of Internationalc Politics, 9(1),1-26.

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