Monday, 11 April 2022 21:23

La reapertura de negociaciones entre México y Corea del Sur para la firma de un Tratado de Libre comercio: ¿Quo Vadis?

Written by Carlos Uscanga
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El 2 de marzo pasado se anunció por parte de la secretaria de Economía, Tatiana Clouthier y el ministro de Comercio de Corea del Sur, Yeo Han-koo, la firma de un memorándum de entendimiento para el reinicio de las negociaciones comerciales para la posible conclusión de un Tratado de Libre Comercio (TLC), las cuales estaban suspendidas desde el verano del 2008.

El anuncio, a primera vista, generaba varias reacciones. La primera referida a que el gobierno mexicano había logrado ser más receptivo a las insistentes peticiones de Corea del Sur para avanzar en las pláticas bilaterales; mismas en las que México no había expresado voluntad política para su reactivación a pesar de las dos visitas de alto nivel que hicieron el presidente Lee Myung-bak en el 2010 y la presidenta Park Geun-hye seis años después. Como resultado de sus giras internacionales a México, ambos mandatarios coreanos retornaron a su país con las manos vacías.

Sin embargo, lo anterior no minó en el empeño desplegado por cada uno de los representantes diplomáticos coreanos en México que, de manera recurrente, referían el hecho de la necesidad de reaperturar la larga ruta de negociaciones fallidas. En efecto, para el próximo año se cumplirán veinte años de los primeros pasos de ese proceso, mismo que inició con la elaboración por parte de la UNAM de un estudio de factibilidad que precedió a la conformación del México-Korea Joint Expert Group (integrado por altos funcionarios, miembros del sector privado y académicos) que recomendó ampliar las posibilidades y opciones para profundizar las relaciones económicas binacionales.

Tiempo después, México y Seúl iniciaron conversaciones formales para la negociaciones del Acuerdo Estratégico de Complementación Económica (SECA por sus siglas en inglés) que terminaron de manera súbita, después de tres rondas, debido a la falta de consensos ante la oposición del empresariado mexicano; mismo que visualizaba a Corea del Sur como un gran competidor (en particular en el sector siderúrgico, químico y textiles) y el ser una posible plataforma para el comercio triangular proveniente de China. En ese momento, se aducía también la percepción negativa de las prácticas laborales de las empresas coreanas radicadas en el país y la falta de un mayor compromiso para profundizar los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) coreana en el país.

Sin embargo, con la administración de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), las autoridades de la Secretaría de Economía consideraron que a través de un “enfoque selectivo” se podría elevar el nivel de negociación comercial de un SECA a un TLC. A pesar de la permanencia de puntos de vista opuestos por parte del sector privado, se avanzó solamente en dos sesiones para después declarar finalmente la “suspensión técnica” de las mismas.

La política comercial de Corea del sur exploró tres opciones para lograr cumplir sus objetivos hacia el TLC pendiente con México y dejó de poner el dedo en el renglón tanto en lo bilateral como también a través de mecanismos de asociación económica regional de los cuales es miembro nuestro país. Seúl consideró la vía a través de convertirse como miembro asociado de la Alianza del Pacífico ( como justo lo acaba de ser Singapur en enero 2022) o a través de ser miembro del Tratado Integral y Progresista para la Asociación Transpacífico ( TIPAT o CPTPP por sus siglas inglés) después de un cambio de estrategia en la que inicialmente mostraba su reticencia al ingresar al TPP original No obstante, las condiciones cambiaron a finales del año pasado cuando expresó su opinión de participar después de que China y Taiwán manifestarán su interés para explorar su incorporación al TIPAT.

"[...] es un hecho que México tiene una gran ventaja en la mesa de negociación y debería aprovechar la misma para maximizar sus demandas, incrementar la protección o postergar al máximo la apertura de sectores económicos sensibles de parte de México."

En el caso de México, más tardó el anuncio de Tatiana Clouthier sobre la reanudación de negociaciones que aparecer diversos pronunciamientos de los empresarios a través de las cámaras industriales. Mientras, que el Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior, Inversión y Tecnología (COMCE) y el Consejo Nacional Agropecuario (CNA) han sido los más vocales para apoyar una posible firma de un TLC, otros más como Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (CANACINTRA) lo considera de “dañino” y la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) lo calificó de “preocupante”.

Al parecer el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no tiene el consenso necesario para intentar, por tercera ocasión, la conclusión satisfactoria de las rondas de negociación. Por un lado, podría pensarse que podría ser un posicionamiento de parte de los empresarios mexicanos para ganar espacios para que los negociadores de la Secretaría de Economía no cedan inmediatamente a compromisos de liberalización o tener margen de maniobra ante sus contrapartes coreanos para establecer aperturas graduales a los sectores sensitivos mexicanos (como los anteriormente descritos donde se suman el de electrodomésticos). Por el otro, el representar un frente de oposición que no va a ceder después del reinicio de negociaciones en el verano del 2022 y descarrilará la vía bilateral.

En el escenario de la poca empatía mostrada por la 4T hacia la mayoría de los empresarios antes y durante la pandemia (salvo a un muy pequeño grupo que se ha favorecido de las obras de infraestructura del gobierno federal), el discurso implementado por la Secretaría de Economía no ha generado mayor eco. Desde la argumentación tradicional y desgastada de que México avanza en su “diversificación comercial”, las ventajas de acceso al mercado sudcoreano de los productos mexicanos del sector agroindustrial, y la participación de PyMES locales en las cadenas de proveeduría de las corporaciones coreanas asentadas en el territorio nacional. Asimismo, se ha puesto en relieve el papel de la empresa automotriz KIA en Nuevo León como un ejemplo de la posible derrama de capital que pueda llevar un TLC al tener un ambiente de mayor transparencia y certidumbre, así como el hecho de que Corea del sur es ahora nuestro tercer socio comercial para justificar la necesidad de un mecanismo económico bilateral.

De manera independiente de cuál ser el medio para lograr un acuerdo de libre comercio con Corea del sur ya sea a través de Alianza del Pacífico o TIPAT, es claro que en lo bilateral se pueden incorporar aspectos más específicos de acceso a mercados, identificación o ampliación de cupos, y otras disposiciones que integran los modelos de TLC. Empero, es un hecho que México tiene una gran ventaja en la mesa de negociación y debería aprovechar la misma para maximizar sus demandas, incrementar la protección o postergar al máximo la apertura de sectores económicos sensibles de parte de México.

No es claro si México usará un modelo donde se incorpore el tema de la cooperación (como el Acuerdo para el Fortalecimiento de la Asociación Económica con Japón), pero es evidente que puede ser un medio útil para ampliar sus beneficios. A pesar de lo que podamos pensar, es nuestro país está ubicado como de renta media alta por lo que ya no califica para ser receptor neto de Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD) bajo los criterios de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), por lo que es menester buscar otras modalidades de cooperación incluyendo transferencia de tecnología en la que puedan ser beneficiados las PyMES o MIPyMES mexicanas. Podrían citarse muchas áreas de oportunidad, entre las cuales podrían identificarse el uso de tecnologías para el reciclaje industrial y tecnologías para el uso más eficiente de energías con menor impacto al medio ambiente, por mencionar algunas. Otras quizá referidas tecnologías para la innovación educativa, ampliar los programas de formación de recursos humanos especializados y a sus programas exitosos para la recuperación y rehabilitación de recursos hídricos o tecnología para la salud que son temas claves para México hoy día. Para el largo plazo, compartir experiencias de uso tecnologías de la comunicación e información y sus experiencias en su conversión en las tecnologías de frontera dentro de su transformación como una “sociedad 5.0”.

Es decir, aumentar significativamente las iniciativas de cooperación en el marco de un hipotético TLC bilateral con México, más allá de los programas implementados por Corea del Sur a través del KSP (Knowledge Sharing Program) limitadas a ser una consultoría especializada que diferentes Estados de la República han tenido a lo largo de los últimos años, ahora es tiempo que Seúl muestra claramente qué es lo que puede ofertar de manera significativa en la mesa de discusiones donde los negociadores mexicanos tienen una gran ventaja que ojalá no se desaproveche.

¿A dónde va la negociación del TLC con Corea del Sur? Es claro que en las tres vías: bilateral, Alianza del Pacífico o TIPAT hay grados diferenciados de complejidad para alcanzar el objetivo final de profundizar los nexos económicos entre ambos países; pero independientemente de cuál pueda ser el resultado final, México debe ser muy asertivo y obtener los mejores dividendos con acciones de impacto positivo al comercio exterior para la penetración de productos mexicanos al exigente mercado coreano, para la mayor captación de IED coreana en favor de la creación de empleo pero al mismo tiempo para transferencia de tecnología, y en acciones puntuales para compartir experiencias de aplicación de la innovación científica para la atención de la salud y protección del medio ambiente. De lo contrario sería una oportunidad desperdiciada como algunas que hemos tenido en la historia de la política comercial de México. 서울은 지갑을 열 시간입니다!


Imágenes

Fuente: Elaboración Propia

Additional Info

  • Autor: Carlos Uscanga
  • Semblanza: Doctor en Cooperación Internacional por la Universidad de Nagoya, Japón, maestro en Ciencia Política Internacional por la Universidad de Ejime, Japón y licenciado en RI por la UNAM. Profesor Titular del Centro de RI de la FCPyS-UNAM. Es miembro del SNI del CONACYT, Nivel 2. Recibió en el 2019 el Reconocimiento del Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón por sus aportaciones en la investigación y docencia en estudios japoneses en México.
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